Wilmer Cabrera pasó de marcar el gol que clasificó a Colombia a Francia 98 a convertirse en uno de los técnicos que acompañó el crecimiento del balompié gringo
Aquella noche del 10 de septiembre de 1997, el estadio Metropolitano de Barranquilla parecía contener la respiración. Colombia llegaba a la última fecha de las Eliminatorias con la obligación de vencer a Venezuela para asegurar su clasificación al Mundial de Francia 1998. Después de un cierre de campaña lleno de dudas, ya no había margen para otro tropiezo. El reloj avanzaba, el empate persistía y cada atajada de Rafael Dudamel aumentaba la tensión de más de 40.000 aficionados.
Hasta que llegó el minuto 67. Por la banda derecha apareció el desborde de Faustino Asprilla. El «Tino» levantó la cabeza y lanzó un centro preciso al corazón del área. Desde atrás irrumpió Wilmer Cabrera. El lateral atacó el espacio como si fuera un delantero, se elevó por encima de la defensa venezolana y conectó un cabezazo perfecto que dejó sin reacción al arquero. El balón terminó en la red y el Metropolitano explotó. Colombia acababa de sellar su clasificación a Francia 98 gracias al inesperado héroe de aquella noche.
Casi tres décadas después, Cabrera todavía revive ese instante. Incluso, encuentra similitudes con los laterales modernos. Cuando vio a Daniel Muñoz elevarse para marcar de volea frente a Uzbekistán en el Mundial de 2026, confesó que le recordó aquel salto suyo en Barranquilla. Dos defensores convertidos en goleadores cuando el equipo más los necesitaba. Sin embargo, esa anotación terminó siendo apenas el primer gran capítulo de una carrera que continuó lejos de Colombia.
Del América de Cali al crecimiento de la MLS
Aunque muchos lo recuerdan por vestir la camiseta de Santa Fe y de la Selección Colombia, fue en el América de Cali donde Wilmer Cabrera alcanzó la cima de su carrera como futbolista. Allí conquistó tres títulos de liga y enfrentó a varias de las grandes figuras del fútbol sudamericano. Entre ellas, Diego Armando Maradona, a quien siempre recordó con admiración y respeto.
El cierre de su carrera llegó lejos del país. Después de superar una lesión sufrida durante su paso por Costa Rica, aceptó la oportunidad de jugar con el Long Island Rough Riders, un modesto equipo estadounidense. Allí disputó sus últimos partidos antes de retirarse definitivamente en 2005.
En ese momento, la MLS todavía estaba muy lejos del nivel y del prestigio que tiene actualmente. Las grandes estrellas del mundo aún no miraban hacia Estados Unidos y el torneo apenas daba sus primeros pasos para consolidarse.
Cabrera decidió quedarse. Comenzó entrenando categorías juveniles y poco después ingresó al programa de selecciones juveniles de Estados Unidos, donde dirigió la Sub-17. Aquella experiencia le abrió las puertas de la MLS, una liga que empezaba a transformarse y en la que el colombiano terminaría construyendo buena parte de su legado.
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Fue entrenador del Chivas USA, del Houston Dynamo, del CF Montréal y del Rio Grande Valley FC, además de desempeñar otros cargos técnicos dentro del fútbol estadounidense. Desde los banquillos vivió el crecimiento de la liga, la llegada de nuevas inversiones, la construcción de modernos estadios y el desembarco de figuras internacionales que cambiaron la imagen del campeonato.
Mientras muchos recuerdan a Wilmer Cabrera únicamente por el cabezazo que llevó a Colombia al Mundial de Francia 98, su historia también quedó ligada al desarrollo del fútbol en Estados Unidos. Pasó de ser el lateral que hizo estallar de alegría al Metropolitano a convertirse en uno de los entrenadores colombianos que ayudó a impulsar una liga que hoy organiza la Copa del Mundo de 2026 y que se ha convertido en uno de los mercados futbolísticos con mayor crecimiento en el planeta.
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