Así funciona la trampa clasista por la que algunos colombianos se creen de derecha

Así funciona la trampa clasista por la que algunos colombianos se creen de derecha

La experiencia de un migrante colombiano en EE. UU. expone los mitos del capitalismo y el miedo de nuestra sociedad a romper las brechas de desigualdad

Texto escrito por: Esneider Alirio Vega Gómez

Cuando llegué a los Estados Unidos con el fin de conocer, ampliar mi espectro y trabajar para solucionar algunos problemas económicos, traía conmigo una idea preconfigurada de lo que era un país capitalista. En realidad, no conocía cómo funcionaba a fondo. Aquí aprendí que el capitalismo necesita de ti, de tu mano de obra, y que por lo mismo necesita mantenerte vivo y funcional.

Al principio, en este país, iba a las donaciones de alimentos y sacaba lo que necesitaba; compré ropa de segunda mano y utilicé servicios médicos gratuitos donados por la empresa privada. ¿Saben qué es lo que más sorprende de esto? Ver camionetas que en Colombia solo las tienen los ricos, haciendo fila pacientemente para recibir un mercado gratis.

En Colombia, se supone que una de las políticas del Estado debería ser cerrar esa brecha de desigualdad que nos hace tan propensos a la delincuencia, a la pobreza y a la desnutrición infantil, entre otros males. Sin embargo, nuestra cultura nos ha sembrado una idea de «enemigos». El objetivo principal parece ser no parecerme al de abajo, demostrar que estoy triunfando dentro del capitalismo y la sociodemocracia, porque si me parezco a «esta gente», significaría aceptar que necesito del Estado.

Por eso en nuestro país muchos no mandan a sus hijos a una escuela pública «por el qué dirán», ni comen en el comedor escolar para no verse pobres. Vaya sorpresa me llevé al ver que, en un barrio de clase alta en el país más capitalista del mundo, los niños ricos usan la ruta escolar gratuita garantizada por el Estado.

Es más fácil progresar cuando el Estado te garantiza salud, educación y transporte; eso permite que tu propio capital crezca. Pero en Colombia parecemos creer que no necesitamos de esto. Por eso se vota por la extrema derecha: porque la gente piensa que así se hará rica, bajo la falsa ilusión de que el Estado nos estorba, cuando en el fondo la verdadera aspiración es simplemente no parecer que venimos de abajo.

Me dirán resentido. Pero soy del país más desigual del mundo, donde existe una realidad completamente diferente para los de abajo, para los que tienen un color de piel distinto y, creo, incluso para los que se atreven a pedir justicia social.

Lo que hay en el fondo es el miedo a cerrar la brecha de la desigualdad. Nos aterra que la distancia que nos separa del otro se acorte y que, eventualmente, tengamos que sentarnos a compartir la misma mesa con los demás colombianos.

También le puede interesar:

Navegación de entradas

Fuente