El 50 % de los jóvenes españoles desconoce su anatomía y fisiología sexual. No es un dato de los años ochenta: es de ahora. Anna Boldú lo cuenta con la calma de quien lleva más de una década intentando hacer algo al respecto y educando a las nuevas generaciones. Fundadora y CEO de Platanomelón, recogió hace unos días uno de los siete galardones de la Gala WITH Mujeres Líderes en el Real Alcázar de Sevilla, un reconocimiento que, en sí mismo, ya dice algo sobre el momento en que vivimos.
Platanomelón tiene más de seis millones de personas en su comunidad mundial y lleva más de diez años haciendo lo que todavía muchas marcas no se atreven: hablar de sexualidad femenina sin eufemismos, sin vergüenza y sin reducirlo todo a la penetración. Lo que Boldú ha construido no es solo una empresa de bienestar sexual sino, según ella misma, una plataforma de divulgación que también vende juguetes.
Con ella hablamos de por qué las chicas aprenden antes cómo deberían verse durante el sexo que cómo se siente el placer, de los hombres que todavía temen incluir un juguete en pareja, de lo que el porno le hace a los jóvenes que lo usan como referencia y de por qué seguimos siendo, demasiadas veces, turistas de nuestro propio cuerpo.
Mientras que la masturbación masculina ha sido siempre muy comentada e incluso celebrada, la femenina siempre se ha vivido desde el tabú ¿por qué?
La diferencia tiene mucho que ver con cómo hemos construido culturalmente la sexualidad de hombres y mujeres. Durante siglos, la sexualidad masculina se entendió como algo natural, inevitable e incluso necesario, mientras que la femenina estuvo asociada a la reproducción, la moral y el control social.
Una mujer que expresa deseo o busca placer ha sido históricamente más cuestionada que un hombre que hace exactamente lo mismo. Hay creencias históricas o religiosas que hemos heredado, como que la sexualidad es pecado o que las mujeres tenemos que preservar nuestra pureza. El tabú sobre la masturbación femenina no habla de la práctica en sí, sino de la incomodidad social que ha existido frente a las mujeres como sujetos de deseo y no solo como objetos del deseo de otros.
Sin embargo, el mercado de los juguetes sexuales parece estar orientado al público femenino, o al menos se ha popularizado mucho más. ¿Se da por hecho que las mujeres necesitan ‘algo más’ para darse placer mientras que para los hombres se consideraría que algo falla?
Más que una necesidad biológica, lo que vemos es una corrección histórica. Durante mucho tiempo, la industria sexual estuvo centrada en la penetración y en el placer masculino. El auge de los juguetes orientados al clítoris responde a décadas de invisibilización del principal órgano de placer femenino.
Además, seguimos asociando la masculinidad con la autosuficiencia sexual. A muchos hombres se les educa para pensar que deberían poder excitarse y alcanzar el orgasmo sin ayuda externa. En cambio, las mujeres han encontrado en los juguetes una herramienta de exploración, no un sustituto de nada. De hecho, los juguetes no compensan una supuesta carencia femenina; amplían posibilidades para cualquier persona.
Ahora vemos cada vez a más mujeres en series o películas utilizando juguetes sexuales. ¿Es una moda porque produce más morbo o realmente está cambiando algo?
Creo que está cambiando algo importante. Durante mucho tiempo, la sexualidad femenina aparecía en pantalla casi exclusivamente en relación con otra persona y de forma pasiva. Ver a mujeres explorando su propio placer transmite un mensaje diferente: el placer femenino existe independientemente de tener pareja. Por supuesto, algunos contenidos pueden buscar el morbo, pero también estamos viendo una normalización progresiva de conversaciones que antes eran impensables. Cuando una práctica deja de ser escandalosa y empieza a ser cotidiana en la ficción, suele reflejar un cambio cultural más amplio.
No podemos seguir siendo turistas de nuestro propio cuerpo
Se habla mucho de amor propio y autoestima, pero muy poco de conocimiento corporal real. ¿Crees que una mujer puede tener una sexualidad plena sin saber exactamente cómo funciona su cuerpo?
Es difícil disfrutar plenamente de algo que no conocemos. No hace falta convertirse en experta en anatomía, pero sí tener cierta conexión con el propio cuerpo: saber qué nos gusta, qué no, qué nos da placer y dónde están nuestros límites. Los datos, de hecho, son preocupantes: el 50% de los jóvenes españoles desconoce su anatomía y fisiología sexual. ¿Y cómo se soluciona esto? Explicando cómo funcionan nuestros cuerpos. Eso es, ni más ni menos, educación sexual. No podemos seguir siendo turistas de nuestro propio cuerpo.
Y hay otra cosa que quiero destacar: está demostrado que recibir educación sexual mejora la autoestima. Pero solemos hablar de la autoestima sexual como si fuera algo puramente emocional, cuando también tiene una dimensión práctica y corporal. El autoconocimiento no garantiza una sexualidad satisfactoria, pero sí nos da las herramientas para construirla.
Las redes sociales han encumbrado a una nueva corriente de hombres que piensan que conseguir que su pareja tenga un orgasmo es demasiado complicado y lleva mucho tiempo y es un esfuerzo que no merece la pena. ¿De verdad somos demasiado complejas o se trata de una educación sexual ineficiente?
No somos demasiado complejas. Lo que ocurre es que muchas personas han recibido una educación sexual extremadamente simplificada y centrada en la penetración. Resulta llamativo que nadie diga que los hombres son complejos porque necesiten determinadas condiciones para alcanzar el orgasmo. Sin embargo, cuando hablamos del placer femenino, la responsabilidad suele recaer en el cuerpo de las mujeres en lugar de cuestionar los modelos sexuales que hemos aprendido. La realidad es que el placer requiere curiosidad, comunicación y aprendizaje mutuo. No es una cuestión de complejidad femenina, sino de interés y educación sexual
Pedir lo que quieres en la cama sigue siendo, para muchas mujeres, más difícil que hacerlo en cualquier otro contexto. ¿Por qué el sexo es el último lugar donde aprendemos a comunicarnos?
Porque el sexo concentra muchas vulnerabilidades: miedo al rechazo, al juicio, a decepcionar o a parecer demasiado exigente. Además, las mujeres hemos sido socializadas durante generaciones para atender las necesidades ajenas antes que las propias. Muchas aprendieron a ser complacientes antes que a expresar deseo. Por eso, aunque fuera de la cama puedan comunicarse perfectamente, en el ámbito sexual todavía aparecen mandatos culturales que dificultan pedir lo que se necesita.
El tabú sobre la masturbación femenina no habla de la práctica en sí, sino de la incomodidad frente a las mujeres como sujetos de deseo
Todavía sigue existiendo el miedo de algunos hombres de incluir juguetes sexuales dentro de la pareja, como si fueran a reemplazarlos. ¿De dónde viene este temor?
Tiene mucho que ver con cómo se ha construido la masculinidad. A muchos hombres se les ha enseñado que su valor sexual depende de su capacidad para provocar placer por sí solos. Cuando aparece un juguete, algunas personas lo interpretan erróneamente como una competición. Sin embargo, un juguete no compite con nadie. Del mismo modo que unas zapatillas no sustituyen al corredor, un juguete no sustituye el vínculo, la intimidad, el deseo compartido o la conexión emocional.
Se ha hablado mucho de la brecha orgásmica, pero poco de su calidad. ¿Estamos midiendo el placer con las métricas equivocadas?
Sí. El orgasmo es importante, pero convertirlo en la única medida del éxito sexual es reduccionista. Cuando analizamos la sexualidad únicamente desde la frecuencia orgásmica corremos el riesgo de reproducir una lógica de rendimiento. El placer incluye muchas otras dimensiones: deseo, excitación, conexión, juego, libertad para expresarse y capacidad de estar presente.
La pregunta no debería ser solo cuántos orgasmos tenemos, sino algo mucho más difícil de cuantificar: cómo vivimos nuestra sexualidad.
El porno está diseñado para la mirada masculina y lo deja bastante claro. ¿Qué hace eso en la cabeza de una chica joven que lo usa como referencia?
Es un gran problema porque puede transmitir la idea de que el placer femenino consiste principalmente en ser deseada, observada o validada por otros.
Muchas chicas jóvenes aprenden antes cómo deberían verse durante el sexo que cómo se siente realmente el placer en su propio cuerpo. Eso puede generar desconexión corporal, auto observación constante y expectativas poco realistas sobre cómo debería ser una experiencia sexual. Además aprenden que hay prácticas violentas y no consensuadas que forman parte del guion y tienen que aceptar como placenteras, normales y parte de tener sexo.
Por eso es tan importante complementar esos contenidos con educación sexual basada en derechos, diversidad y bienestar.
No somos demasiado complejas. Lo que ocurre es que nadie ha tenido interés en aprender
Ahora se habla más de juguetes sexuales entre amigas que hace 10, 20 o 30 años. ¿A qué se debe?
A varios factores. Por un lado, existe una mayor apertura para hablar de sexualidad. Por otro, muchas mujeres han encontrado en estas conversaciones espacios seguros donde compartir experiencias sin sentirse juzgadas. Quiero pensar que Platanomelón también ha influido en esta apertura: llevamos más de 10 años divulgando y luchando por hacer entender que la sexualidad forma parte de la salud, y hemos construido una comunidad de más de 6 millones de personas a nivel mundial.
También ha influido el feminismo, al legitimar la idea de que el placer femenino es un tema digno de conversación pública y no algo que deba vivirse en secreto o con vergüenza. Por eso Platanomelón nace con el objetivo de derribar tabúes y desestigmatizar la conversación sobre sexualidad, tanto con una misma como con las demás. Hoy somos una de las voces influyentes en este cambio de conversación y en la visibilización de la sexualidad, acompañando a que la sociedad pueda ser más libre.
Antes solo existían los dildos hiperrealistas que no se podían usar nada más que para la penetración. Ahora, además de parecer esculturas modernas, se centran más en el punto G y el clítoris. ¿Qué ha cambiado?
Ha cambiado la pregunta de fondo. Antes se diseñaban muchos productos pensando en imitar un pene. Ahora se diseñan pensando en cómo experimentan placer las personas que los utilizan. La popularización del conocimiento sobre el clítoris, junto con la incorporación de más mujeres en el diseño, la investigación y la industria del bienestar sexual, ha impulsado una innovación mucho más centrada en la experiencia real del placer que en la reproducción de determinados símbolos sexuales.
Desde Platanomelón fuimos pioneras en ello, nuestros productos son bonitos, de colores llamativos, texturas suaves y agradables. Y esto es porque nuestro equipo trabaja con una mirada femenina. Diseñamos juguetes que además de darte placer, queremos que te quiten cualquier sentimiento de pudor o vergüenza.
Y si puedo hacer un apunte importante: el punto G no existe, sino que es la zona G. Porque hablamos de una zona erógena donde confluyen el clítoris, la uretra y la vagina, y cuando se estimula esta zona, se está estimulando el clítoris pero de forma interna. ¡Esto es otro ejemplo de lo poco que conocemos nuestros cuerpos!
Acabas de ganar uno de los galardones de la Gala WITH Mujeres Líderes. De todos los emprendimientos posibles, ¿por qué una firma de juguetes sexuales?
Porque hablar de placer también es una cuestión de igualdad. Durante décadas se investigó, se diseñó y se habló mucho más del placer masculino que del femenino. Trabajar en el ámbito de los juguetes sexuales no consiste únicamente en vender productos; implica generar conversación, derribar tabúes y contribuir a que más personas puedan vivir su sexualidad de forma libre, informada y sin vergüenza. Cuando una sociedad permite que las personas conozcan su cuerpo, expresen su deseo y ejerzan su placer con autonomía, estamos hablando también de salud, bienestar y derechos.

