Mi voto no es por una Paloma, mi voto es por un ave llamada ABE…lardo

Mi voto no es por una Paloma, mi voto es por un ave llamada ABE…lardo

Todos en nuestra familia votaremos por la democracia, en cabeza de Abelardo, el candidato ganador

Por estos días he escuchado a muchos amigos uribistas preguntarse por qué un sector importante de la derecha está migrando hacia la candidatura de Abelardo de la Espriella. La respuesta no está únicamente en Abelardo. También está en los errores cometidos por quienes parecían tener asegurado ese respaldo.

De la victoria asegurada al surgimiento de un fenómeno inesperado

El 8 de marzo de 2026 fue un día histórico para Paloma Valencia. Ganó la consulta de la derecha con más de 2,5 millones de votos y se convirtió en la candidata oficial del uribismo. Muchos pensaron que el camino hacia la segunda vuelta estaba despejado.

Sin embargo, la política tiene una regla implacable: las elecciones no se ganan con los votos de ayer sino con los votos de mañana.

Mientras Paloma celebraba su victoria, otro fenómeno comenzaba a crecer. Un abogado sin estructura partidista, sin maquinaria electoral, sin gobernaciones, sin alcaldías y sin directorios políticos empezaba a conectar con un sector del país cansado de las fórmulas tradicionales. Su nombre: Abelardo de la Espriella.

Cuando la historia toca nuevamente la puerta

La historia tiene algo de déjà vu.

En 2002, Álvaro Uribe decidió abandonar el Partido Liberal porque consideró que las estructuras tradicionales no representaban sus ideas ni sus convicciones. Le dijeron que era imposible ganar por fuera de la maquinaria liberal.

Ganó.

Hoy Abelardo ni siquiera ha tenido que abandonar un partido. Nunca perteneció a uno. No heredó votos, ni directorios, ni estructuras regionales. Su liderazgo surgió desde el ejercicio del derecho, los medios de comunicación y las redes sociales.

Por eso muchos de sus seguidores sostienen que no le debe un solo voto a nadie.

El error estratégico que terminó fortaleciendo a Abelardo

Paradójicamente, quien más parece haber ayudado a consolidar a Abelardo no ha sido Petro ni Cepeda. Ha sido la propia campaña de Paloma. En lugar de concentrar sus ataques en el petrismo, Paloma decidió convertir a Abelardo en uno de sus principales objetivos políticos.

Lo llamó “payaso”.

Afirmó que “Abelardo y Cepeda son lo mismo”.

Calificó su campaña de “absolutamente asquerosa”.

Dijo que era una campaña “mentirosa”, “manipuladora” y “destructiva”.

Incluso aseguró que Abelardo “se abraza con bandidos”.

Cada ataque terminaba produciendo el efecto contrario: darle más visibilidad a quien pretendía debilitar.

Dos discursos, dos campañas y una sola confusión

A ello se sumó la llegada de Juan Daniel Oviedo.

La apuesta parecía lógica: ampliar la base electoral. Pero rápidamente aparecieron las contradicciones. Mientras Paloma hablaba el lenguaje tradicional de la oposición al petrismo, Oviedo intentaba proyectar moderación, reconciliación y tecnocracia.

Dos discursos. Dos estilos. Dos visiones. Una sola campaña. El resultado fue una sensación creciente de incoherencia estratégica. Y cuando las encuestas comenzaron a mostrar dificultades, llegaron los cambios de estrategas, los ajustes de última hora y la percepción de que la campaña había perdido el rumbo que tuvo después de la consulta.

Sin maquinarias, sin padrinos y sin pedir permiso

Mientras tanto, Abelardo seguía recorriendo el país con un mensaje sencillo: seguridad, autoridad, propiedad privada y defensa de las libertades individuales.

Sin necesidad de explicar contradicciones internas. Sin tener que armonizar discursos incompatibles. Sin depender de acuerdos políticos para existir. Muchos uribistas recuerdan además un hecho que consideran relevante.

Cuando Álvaro Uribe enfrentó algunos de los momentos más difíciles de su vida política y jurídica, Abelardo estuvo allí defendiéndolo públicamente. Lo hizo cuando era más fácil guardar silencio. Quizás por eso no entienden que ahora se le presente como enemigo de una causa que ayudó a defender.

Lo que muchos uribistas vuelven a ver en un líder

Lo que sí sé es que muchos ciudadanos están viendo en Abelardo algo que hace años vieron en Uribe: independencia frente a las estructuras políticas tradicionales, capacidad de desafiar al establecimiento y voluntad de construir un proyecto propio.

Mi voto tiene nombre propio

Por eso, cuando me preguntan por qué apoyo a Abelardo, mi respuesta es simple:

Mi voto no es por una Paloma, mi voto es por un ave llamada ABE…lardo.

Del mismo autor:  Cómo el petrismo le tuerce el pescuezo a la estadística

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