Mucho espectáculo, pocas firmas válidas

Mucho espectáculo, pocas firmas válidas

La entrada triunfal parecía sacada de una película: caravanas, cámaras, discursos épicos y millones de firmas prometiendo un fenómeno político sin antecedentes. Abelardo de la Espriella vendió la idea de una avalancha ciudadana dispuesta a llevarlo a la Presidencia.

La Registraduría, sin embargo, hizo algo menos cinematográfico y mucho más incómodo: contar.

El resultado fue demoledor. De los más de cinco millones de apoyos presentados, más de tres millones terminaron anulados por inconsistencias. En otras palabras, el 62% de las firmas no pasó el filtro institucional.

Cédulas inexistentes, registros duplicados y planillas mal diligenciadas convirtieron el supuesto músculo ciudadano en un gigantesco problema administrativo. El candidato del “orden” quedó atrapado en el desorden de su propia operación política.

Aunque legalmente conserva su aspiración presidencial gracias a las firmas válidas restantes, el episodio dejó una marca difícil de borrar: el mayor volumen de firmas invalidadas en la historia política de Colombia.

La moraleja parece sencilla. En política, las cámaras pueden amplificar el espectáculo, pero las matemáticas siguen teniendo la última palabra.