Hasta un total de 1,6 millones de empleados en España trabajan menos horas de las que desearían. Esta situación, conocida como subempleo, afecta particularmente a mujeres y jóvenes del sector servicio. Así se desprende de un estudio de Asempleo, la patronal de las agencias de empleo y empresas de trabajo temporal, recogido por la agencia EFE.
En una nota difundida este lunes, Asempleo detalla que el 58,4% de los afectados por esta situación son mujeres y el 86,6% pertenecen al sector servicios. La definición concreta de subempleo abarca a todos los empleados que trabajan menos horas de las que desearían y, al mismo tiempo, están disponibles para incrementar su tiempo de trabajo y buscan empleo activamente.
El informe bebe de los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA), que refleja un descenso claro desde los máximos registrados en el año 2013. Aunque, persiste como un indicador de «ineficiencia laboral que limita la productividad y amplifica desigualdades».
Según se recoge en el documento, los subempleados trabajan en promedio 21,7 horas semanales. Una cifra que contrasta con las 40,1 horas que desearían, según Asempleo. Es decir, prácticamente trabajan la mitad de horas de las que quisieran. Algo que, para Asempleo, muestra que el fenómeno «es estructural y no coyuntural».
Por edad, el estudio destaca jóvenes de 20 a 24 años mantienen niveles de subempleo similares a los de 2014, con 177.000 personas afectadas, mientras que las personas de 25 a 34 años han mostrado mejora en la transición hacia empleos estables, con una reducción del subempleo del 41,1 % respecto a 2014, hasta situarse en 409.300 personas.
Y por nivel educativo, detalla que los trabajadores con educación superior suman 576.000 subempleados (35,3 %), mientras que los de educación secundaria acumulan 498.100 (30,6 %), lo que muestra que el subempleo «no es exclusivo de la baja cualificación».
El presidente de Asempleo, Andreu Cruañas, apunta en una nota que «la infrautilización sistemática» de la capacidad de la fuerza laboral representa una «pérdida de potencial económico para el conjunto del país, en un contexto en el que el crecimiento de la productividad resulta clave para garantizar la sostenibilidad del estado del bienestar y la competitividad internacional».

