José Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid, 1960) nunca se fue del todo. Aunque abandonó la Moncloa en 2011 dejando tras de sí una profunda crisis económica y un PSOE derrotado, el expresidente ha mantenido durante todos estos años una influencia constante en el partido, que aún fue a más cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, convirtiéndose, de hecho, en el expresidente predilecto de los socialistas. La presencia de Zapatero ha sido constante como uno de los principales activos electorales y políticos del PSOE en un momento en el que las investigaciones judiciales estrechan el cerco sobre el entorno de Sánchez. Ahora, su imputación en el caso Plus Ultra añade un nuevo foco de presión para Moncloa, con el agravante de que el expresidente se convierte en el primero de la democracia en ser investigado por presuntos delitos de corrupción.
Zapatero se ha convertido en uno de los principales apoyos políticos y personales del jefe del Ejecutivo. Es considerado un faro para los socialistas por su primera legislatura al frente del Gobierno, en la que sacó adelante numerosas leyes sociales que son orgullo para el PSOE, como la ley de matrimonio homosexual, la igualdad, la del aborto o la de lucha contra la violencia de género.
En los últimos años, ha ejercido como consejero de referencia en Moncloa, como interlocutor internacional y como uno de los principales apoyos ideológicos de Pedro Sánchez, que hasta ahora había encontrado en él un respaldo frente al desgaste político y judicial. Frente al PSOE de Felipe González, el de Zapatero ha sido el referente en el que Sánchez ha buscado siempre su espejo político. No obstante, su imputación en el caso Plus Ultra lo sitúa ahora al otro lado de ese escudo con el que el PSOE ha tratado de protegerse, en un nuevo revés judicial que llega en el tramo final de la legislatura.
Aunque en las primarias de 2017 Zapatero apoyó a Susana Díaz, desde que Sánchez llegó a la Secretaría General del PSOE la relación entre ambos ha ido estrechándose hasta convertirse en una alianza estratégica. Zapatero respaldó al actual presidente cuando gran parte del aparato socialista desconfiaba de él y mantuvo su apoyo incluso en los momentos de mayor fragilidad interna, especialmente tras la caída de Sánchez en 2016 y su posterior regreso al liderazgo del partido.
Zapatero ha ejercido de puente con aliados parlamentarios, participando en negociaciones tan complicadas como las de Junts; ha sido durante años mediador internacional con el chavismo, y ha contribuido a apuntalar el relato político del Gobierno en los momentos de máxima presión, como durante la aprobación de la ley de amnistía. Esto le ha llevado a ser un activo principal en las campañas electorales, sobre todo, a partir de 2023.
De hecho, en este último ciclo electoral, Zapatero ha participado activamente en las campañas electorales. Especialmente en la última de ellas, la de Andalucía, cuyas elecciones se celebraron dos días antes de conocerse su imputación.
La misma llega en un momento especialmente sensible para un PSOE ya muy golpeado por las causas judiciales. El que, hasta ahora, ha abierto la crisis más profunda en el partido es el caso Koldo, sobre presuntas comisiones ilegales en contratos de mascarillas durante la pandemia y que implica al exministro José Luis Ábalos. A ello se suma la investigación contra la mujer del presidente, Begoña Gómez, por presunto tráfico de influencias y corrupción en los negocios. Ahora, la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra golpea de lleno en Moncloa.
La nueva ofensiva judicial llega cuando el expresidente está en primera línea política. Aunque sin cargo orgánico ni institucional, Zapatero se mantiene como una de las voces más influyentes alrededor de Sánchez. Ya no solo por lo que implica para él, sino por lo que significa en el socialismo. Zapatero es el expresidente predilecto de este PSOE. Un dirigente que, lejos de haberse retirado definitivamente, se ha consolidado como una pieza clave en el engranaje político de la Moncloa de Sánchez, pero cuya imputación amenaza ahora con convertirse en un nuevo palo judicial en las ruedas del Ejecutivo.

