¿Serías capaz de aterrizar un avión?

¿Serías capaz de aterrizar un avión?

Se ha hablado mucho de un estudio realizado el año pasado por la empresa multinacional británica dedicada a estudios de mercado YouGov, que llegó a la conclusión de que casi la mitad de los hombres encuestados confían en poder aterrizar un avión en una situación de emergencia si contaran con la asistencia de la torre de control. En psicología esto se conoce como sesgo de exceso de confianza. Algunas personas tienden a sobreestimar sus habilidades, especialmente en situaciones de alta presión.

El estudio ha sido polémico porque ha puesto de manifiesto una notable diferencia de percepción entre hombres y mujeres. La mayoría femenina mostró una cautela mayor ante la tarea de aterrizar el avión. Solo un siete por ciento se mostró muy confiada en la posibilidad de conseguir el objetivo. Confieso que he hecho trabajo de campo en cenas y conversaciones con amigos y familiares y los datos que ofrece el estudio se parecen mucho a los míos. También confieso sinceramente que estoy dentro del grupo de los que creen que podrían hacerlo.

Es muy difícil que nos encontremos ante un caso así en nuestra vida. Lo más parecido que me ha sucedido ha sido guiar a un conductor novato de Alsa en la entrada a una ciudad. Pero parece que este estudio ha tentado a la realidad. Curiosamente, el pasado día dos de octubre en el aeropuerto de Bakersfield, California, un hombre que pilotaba una pequeña aeronave sufrió un infarto al corazón. Solo estaba acompañado de su mujer, Yvonne de sesenta y nueve años y sin ningún tipo de conocimiento en manejo de aviones.

¿Qué hizo Yvonne? Ponerse al mando. Estar tranquila, dentro de sus posibilidades. Seguir las instrucciones que le dieron desde la torre de control y aterrizar por fin con suspense, pero de un modo adecuado. No hubo ningún tipo de daño. Se ha abierto una investigación y se ha considerado su acto como sobresaliente. Se ha dicho que es un hecho sin precedentes. No sé cómo queda el estudio de la empresa británica después de esto, pero parece un buen antídoto contra los bocazas.

La fortaleza, la serenidad y la capacidad de actuar en momentos de tensión extrema son capacidades que pueden estar escondidas en personas que no las aparentan. Además, no sabemos las habilidades que podemos desarrollar en momentos en los que está en juego nuestra vida y la de los que queremos. A veces, la realidad tira por tierra todos los estudios, las tertulias y las conversaciones de sobremesa y nos da una lección de humanidad.

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