El terremoto electoral que se vivió anoche en Andalucía remueve los cimientos de Moncloa. Tras Extremadura, Aragón y Castilla y León, las urnas han vuelto a asestar un sonoro castigo al PSOE de Pedro Sánchez. Esta vez, la cuarta consecutiva, a través de la candidatura de María Jesús Montero, que cayó por debajo del peor resultado histórico de los socialistas en una comunidad que gobernaron casi 40 años. Por contra, el resultado del PP, aunque sin la mayoría absoluta que tanto ansiaba, permite a Alberto Núñez Feijóo ganar la partida de este ciclo electoral con un póker de victorias.
La estrategia de Sánchez de colocar ministros al frente de candidaturas autonómicas hace que reciba en primera persona el bofetón de las urnas de Andalucía, ya que, como en Aragón, este domingo concurría una de sus apuestas personales, la que en los últimos años había sido su número dos tanto en el Gobierno como en el partido. Montero no solo no ha salvado los muebles, sino que ha perdido dos diputados. Pese a todo, el presidente se apresuró a felicitar anoche a su exministra por una «gran campaña», en la que él mismo se implicó personalmente.
Finalizado este ciclo electoral, y a un año de las decisivas elecciones municipales, autonómicas y generales de 2027, Sánchez afronta la recta final de la legislatura más debilitado que nunca, igual que la marca PSOE. De nada le sirvió sustituir a la exvicepresidenta con perfiles más moderados y técnicos como los de Carlos Cuerpo. Y también se confirma una impresión que se ha ido asentando en los últimos meses: al PSOE ya no le reporta beneficios electorales agitar el miedo al auge de la ultraderecha.
En el lado contrario, Feijóo puede presumir de haber batido a Sánchez una vez más en unas elecciones autonómicas y ahí centraron los populares una vez más su análisis tras el escrutinio en Andalucía, en que el tiempo del presidente del Gobierno ha terminado. Así lo reafirmó el propio Feijóo anoche al concluir que «el sanchismo» cierra este ciclo electoral «devastado».
No obtuvo el PP el resultado soñado, que era revalidar la mayoría absoluta, pero el líder del PP sí ve fortalecida su posición de cara a las elecciones generales, su objetivo prioritario, que en teoría se celebrarán en el verano del año que viene. Y es que el PP planteó el ciclo electoral que empezó con Extremadura el pasado diciembre como un plebiscito sobre la gestión del jefe del Ejecutivo y puede afirmar que lo ha conseguido, toda vez que, como gota malaya, ha ido exhibiendo, comicio tras comicio, la debacle socialista.
Eso sí, el ciclo electoral autonómico que acaba de terminar consolida la tendencia de que el PP necesitará a Vox para gobernar, un hecho que Génova obvió anoche. Los de Santiago Abascal se afianzan como la ‘muleta’ en la que los populares tendrán que apoyarse si las tendencias electorales se mantienen y ya han dejado claro que no darán un apoyo externo, sino que los ejecutivos de coalición PP-Vox han llegado para quedarse. No obstante, Abascal no quiso echar campanas al vuelo y llamó a «defender el interés general para que Pedro Sánchez no logre su propósito» de «robar la democracia» en 2027.

