Oxford Street, una de las calles comerciales más icónicas de Europa, se prepara para una transformación profunda que mira directamente a Barcelona. Londres quiere dejar atrás el modelo centrado en el tráfico para convertir su gran eje comercial en un espacio más peatonal, más habitable y pensado para quedarse, no solo para pasar.
El equipo del alcalde Sadiq Khan ha señalado a La Rambla como un ejemplo internacional de cómo una vía histórica puede convertirse en un espacio urbano vivo, donde conviven comercio, paseo y actividad cotidiana con protagonismo del peatón, según The Times.
El proyecto se articula a través de la nueva entidad Oxford Street Development Corporation, creada específicamente para liderar esta transformación. El objetivo es ejecutar una peatonalización progresiva en el tramo comprendido entre Orchard Street y Great Portland Street, con una primera fase prevista antes de que termine el verano.
La intervención arranca con medidas contundentes. Este verano se eliminará la circulación de vehículos privados en el eje principal, en lo que será el primer paso hacia una reordenación más ambiciosa del espacio urbano. Más adelante, el plan contempla también la retirada progresiva de autobuses, taxis e incluso bicicletas, pareciéndose bastante al planteamiento barcelonés.
La idea de fondo es cambiar el uso de la calle. Londres busca que Oxford Street deje de ser un lugar de paso rápido para convertirse en un destino en sí mismo, donde el visitante pueda pasear, detenerse y consumir de forma más pausada, en línea con el modelo de grandes bulevares europeos como La Rambla.
Ahora bien, la idea no es en replicar La Rambla, sino adaptar su lógica urbana a la capital británica: menos coches, más espacio para caminar y una mejor organización del entorno comercial. El objetivo es recuperar atractivo en una calle que en los últimos años ha perdido parte de su centralidad frente a otros ejes de la ciudad.
La transformación de Oxford Street se suma a una tendencia global en grandes ciudades que buscan recuperar el espacio público para el peatón. En este contexto, Barcelona vuelve a situarse como referencia urbana internacional, con La Rambla como uno de sus ejemplos más reconocibles.

