Cantaba Bob Dylan que los tiempos están cambiando y, en el mundo del streaming, no sabríamos decir si para bien, si para mal o si para peor. Desde luego, la concentración de plataformas es ya una realidad: cada vez habrá menos servicios de streaming hasta que, quizá, solo quede uno para dominarlos a todos.
Netflix, Prime Video o SkyShowtime no pueden permitirse el lujo de invertir en una serie y no lograr un éxito instantáneo. En el pasado, hemos vivido cancelaciones dolorosas como Carnivàle, pero, ahora, el que el futuro de una serie se vea truncado es mucho más sencillo. No basta, como en el caso de Carnivàle, que fuese demasiado cara y sus competidores, demasiado fuertes. Es que las plataformas cuentan cada espectador y cada céntimo con básculas de precisión.
Cada vez menos series y más cancelaciones
Desde hace tres años, Luminate publica un informe sobre las tendencias en el mundo del streaming. Variety se ha entrevistado con dos de sus principales responsables, Mark Hoebich y Carolyn Finger, y las conclusiones del último reporte no son nada halagüeñas.
Su estudio muestra que el número de series estrenadas ha caído en un 7%. Quizá la corriente más devastadora es que, de las series comenzadas por los espectadores, muy pocos llegan hasta el final: a medida que los capítulos se suceden, estos gozan cada vez de menor audiencia. Esto estaba reflejado en los informes anteriores, pero, en este caso, el proceso se ha agravado en un 20% con respecto al informe del año previo. “Los medios son más tacaños al renovar o encargar series”, han comentado Hoebich y Finger.
Además, las series anunciadas están ya muy lejos de las míticas tiradas de 20-30 capítulos por temporada de principios de los 2000. Al contrario, ahora se apuesta por un número menor de episodios, y esa franja se está restringiendo a pasos agigantados. Menos entregas implica menor riesgo económico si el público no respalda el título.
¿Y si esto es lo mejor que podía pasarnos?
Como ejemplo, Finger ha señalado la relación entre Disney+ y Star Wars: la gallina de los huevos de oro no puede más. La estrategia de Disney+ de sacarle todo lo posible ha desencadenado, en opinión de Finger, un creciente desinterés por el que era su público objetivo. Y dicho desinterés, quizá, tenga una lectura positiva.
El espectador medio parece agotado ante un sistema (hablamos de series, pero también valdría para el cine) que solo le da lo que él quiere. Al final, acaba empachado ante un buffet libre en el que cada plato sabe igual que el anterior. A cambio, parece premiar las series, como Adolescencia, que rompen con esta tendencia: lo que nadie había solicitado quizá era lo que, inconscientemente, todos esperaban.
He ahí la reflexión final de las plataformas: ¿quién había pedido una serie sobre un mafioso que va al psiquiatra? ¿Y una sobre el papeleo que genera un caso de narcotráfico de poca monta en Baltimore? ¿Y una sobre una funeraria, una empresa de publicidad o un profesor de química con cáncer? Pues aún seguimos hablando de ellas.

