Desde primera hora de la mañana de este lunes, el puerto de Granadilla de Abona (Tenerife) se convirtió en un ir y venir de sanitarios, efectivos de Protección Civil, Guardia Civil y personal marítimo. No hubo pausa para ninguno de los trabajadores implicados en todo el operativo desplegado para gestionar el brote de hantavirus detectado en MV Hondius, que se ha saldado ya con tres muertes y ha mantenido al mundo en vilo durante una semana. Canarias ha sido durante las últimos dos días el foco mediático, después de que el crucero llegase en la madrugada del domingo para evacuar desde Tenerife a los pasajeros, españoles y extranjeros, que llevaban más de un mes dentro del buque en el que se dispersó el virus de los roedores. Finalmente, la misión terminó contrarreloj, a las 19.00 horas como se había prometido, con la evacuación de los últimos viajeros en dos vuelos con destino a Países Bajos y la marcha del barco con la tripulación.
La jornada acabó con un sabor agridulce: la ministra de Sanidad, Mónica García, celebró el «éxito» de la «misión cumplida» en Tenerife, donde durante la última semana han llegado a reunirse hasta ocho veces al día. Pero poco después su departamento reportaba el primer positivo en hantavirus entre los españoles que permanecen confinados en el Hospital Gómez Ulla y que hasta ahora no ha presentado síntomas. Según el protocolo, esta noche se le realizará una segunda prueba y, de confirmarse el contagio, será trasladado a una unidad de aislamiento de alto nivel hasta su recuperación clínica. El resto ha dado negativo, por lo que permanecerán en las habitaciones en las que se les ingresó al llegar este domingo.
La ministra ya había avisado por la mañana de que había probabilidades de que fueran apareciendo «personas que presenten síntomas y PCR positivas». De hecho, a lo largo de este lunes se conoció el positivo de una mujer de Francia y de otro de Estados Unidos.
Tras repatriar el domingo a la mayoría de viajeros a sus respectivos países e ingresar a los 14 españoles en el hospital militar Gómez Ulla, en Madrid, este lunes tocaba encarar ya la recta final. En el buque quedaban 52 personas, entre viajeros y tripulación, y el Gobierno estuvo todo el día organizando la evacuación de estos pasajeros, mientras la naviera repostaba y realizaba las labores de avituallamiento. Había, hoy, una hora límite: las 19.00 horas en el archipiélago, según el acuerdo al que llegó Moncloa con el presidente canario, Fernando Clavijo, tras días de enfrentamientos por el rechazo de este a permitir que el buque atracara en Tenerife.
Precisamente por ese rechazo de Clavijo se decidió que el crucero no atracara en el puerto de Granadilla, sino que se quedase fondeando en alta mar, y se fuesen evacuando a los viajeros en lanchas, por grupos. Así se hizo el domingo, pero este lunes no se pudo proceder igual debido a las condiciones meteorológicas. El viento forzó el amarre del buque a última hora de esta tarde, a disgusto de la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, que cargó contra la «irresponsabilidad» del Ejecutivo; y del propio Clavijo, que apenas horas antes había defendido que los roedores -que son los transmisores del hantavirus- eran capaces de nadar hasta tierra firme.
Los últimos evacuados
Mientras tanto, dos aviones procedentes de Países Bajos llegaban al aeropuerto situado al sur de la isla, a menos de 10 minutos del puerto, para llevarse a la mitad. 27 personas partieron en esos dos vuelos a pocos minutos de vencer el plazo: en uno iban miembros de la tripulación, y en el segundo viajaron cuatro australianos, un británico que reside en Australia y un neozelandés, que son los ciudadanos cuyos países no han podido hacerse cargo de la repatriación.
A bordo del crucero quedaron otros 27, entre la tripulación y médicos de la OMS que habían subido en la escala realizada en Cabo Verde cuando estalló la alerta sanitaria. Con una puntualidad británica partía también el buque en dirección al puerto de Róterdam, en Países Bajos, de donde es la bandera con la que navega. Al barco le quedan ahora unas 1.700 millas náuticas por delante hasta llegar a su destino, donde se desinfectará tanto la nave como el equipaje que dejaron atrás todos los viajeros. También el puerto tinerfeño será sometido ahora a una exhaustiva desinfección tras estas 48 horas de operaciones: barandillas, lanchas y, en definitiva, todo el pasaje y tripulación que se ha utilizado, serán fumigados.
El operativo ha recibido elogios de Bruselas, pero también del propio director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, que se ha desplazado hasta el lugar para monitorizar la situación junto al Gobierno español. También la titular de Sanidad, Mónica García, ha tildado de «éxito» todo el despliegue y ha asegurado que el Ejecutivo ha cumplido su objetivo «con eficacia, transparencia y con humanidad».
Ahora, en España solo quedan los nacionales que tendrán que permanecer en el hospital militar Gómez Ulla, al menos hasta el 17 de junio, pues el tiempo de incubación de este virus es de unos 42 días.
Mientras tanto, y debido a que ya están todos los afectados por el brote distribuidos en varios países del mundo, hay montado ya un despliegue internacional para tratar de rastrear todos los posibles contactos estrechos y mantener a raya este virus para evitar que la transmisión vaya a más y que esta emergencia quede en un brote controlado

