La política colombiana ha visto desfilar a asesores extranjeros de toda índole, pero pocos perfiles resultan tan inquietantes y disruptivos como el de Ramón Devesa González. Lo que comenzó como un rumor de pasillo sobre un «informático español» asesorando al Gobierno, se ha transformado en una trama de inteligencia paralela, contrabando y grabaciones clandestinas que sacuden los cimientos del Pacto Histórico.
El Agente «Ad Honorem» en Buenaventura
La figura de Devesa no es la de un diplomático, sino la de un operador táctico. Según investigaciones periodísticas y testimonios de exfuncionarios como Luis Carlos Reyes, Devesa fue enviado al puerto de Buenaventura bajo el amparo de una «misión especial» delegada desde la Casa de Nariño.
Su objetivo declarado era recolectar inteligencia sobre las mafias del contrabando. Sin embargo, su presencia generó alarmas inmediatas: ¿Bajo qué figura legal un ciudadano extranjero realizaba labores de inteligencia en un puerto estratégico nacional? La respuesta de la administración ha sido ambigua, sugiriendo que Devesa actuaba como un colaborador de confianza para detectar la corrupción que las instituciones oficiales no lograban frenar.
El Triángulo: Devesa, Vendrell y «Papá Pitufo»
El nombre de Devesa está indisolublemente ligado al de otro español: Xavier Vendrell, el estratega catalán nacionalizado colombiano por vía exprés. Juntos, forman un eje de influencia europea que ha despertado recelo en los organismos de control.
El punto más álgido de esta relación es el vínculo con Diego Marín, alias «Papá Pitufo», señalado como el mayor zar del contrabando en el país. Devesa no solo habría tenido contacto con Marín, sino que habría sido el encargado de documentar un evento cinematográfico: la supuesta devolución de 500 millones de pesos que Marín habría aportado a la campaña presidencial.
«Devesa es quien sostiene la cámara. Su rol no era solo observar, sino blindar o registrar pruebas que pudieran ser usadas como ‘seguros de vida’ políticos frente a futuras investigaciones», señalan fuentes cercanas al proceso.
Los Tres Pilares del Escándalo
La gravedad de este caso se divide en tres frentes que la justicia hoy intenta desenredar. Primero, la creación de una inteligencia paralela, donde civiles extranjeros ejecutan tareas de seguridad nacional sin control judicial ni rendición de cuentas. Segundo, el presunto tráfico de influencias en la DIAN, donde Devesa habría presionado para colocar fichas clave en aduanas bajo el pretexto de «limpiar» la entidad. Finalmente, la financiación oscura, centrada en su rol como testigo y grabador de los flujos de dinero provenientes de redes ilícitas hacia el entorno político.
Un Cabo Suelto para la Justicia
A pesar de la contundencia de los relatos, Ramón Devesa se mueve en una zona gris. No tiene contrato oficial ni aparece en la nómina estatal, pero su acceso a información privilegiada y su capacidad de interlocución con la Presidencia son innegables.
Hoy, Devesa es visto como el hombre que sabe demasiado. Sus dispositivos electrónicos podrían contener la memoria digital de los acuerdos más oscuros realizados entre las bambalinas del poder y el bajo mundo del comercio ilícito. El Pacto Histórico enfrenta aquí no solo un dilema ético, sino un riesgo de seguridad nacional encabezado por un hombre que, oficialmente, «no existe» en el organigrama del Estado.

