Si te gusta conducir, no necesitas hacer la Ruta 66, ni siquiera viajar a Estados Unidos para saber que sus carreteras y las nuestras poco tienen que ver, más allá de que ambas están hechas con asfalto e incluyen señalizaciones.
Seguro que has visto alguna película de acción en la que las persecuciones transcurren por carreteras con rectas eternas. Pues bien, Travis Smith es un joven que, tras pasar por Texas y Nueva York, ha acabado en Madrid y uno de los principales choques culturales que ha sentido ha sido conducir por nuestras carreteras, las cuales considera que están repletas de curvas.
En palabras del norteamericano, «cuando viajas en Estados Unidos, las carreteras son rectas, con muchos baches. Aquí en España hay muchas curvas y me siento un piloto de Fórmula 1 como Lewis Hamilton».
¿Es posible que Travis Smith no haya pisado todavía una autovía o autopista en España?
Dada la comparación con el piloto de Ferrari, cabe preguntarse si el joven tejano no habrá confundido su GPS y, en lugar de utilizar nuestra red de alta capacidad, se ha dedicado exclusivamente a recorrer puertos de montaña o carreteras secundarias para poner a prueba su destreza al volante.
Lo cierto es que, mientras en las películas estadounidenses vemos desiertos infinitos cortados por una línea recta perfecta, en España la realidad es que incluso nuestras autovías y autopistas tienen que serpentear para salvar una orografía mucho más accidentada y caprichosa.
Estas vías de alta capacidad están diseñadas bajo estándares de ingeniería modernos con los que se pretende rebajar las curvas y eliminar los cruces al mismo nivel para que se pueda viajar a mayor velocidad sin un alto riesgo de accidente. Sin embargo, para un estadounidense acostumbrado a las llanuras de Texas, hasta la autopista más moderna de la península puede parecerle el trazado del circuito de Montmeló.
¿Por qué es casi imposible encontrar en España carreteras del estilo estadounidense?
El motivo de este contraste es una imposición de la naturaleza. El paisaje estadounidense se compone de extensas llanuras con una disponibilidad de terreno casi ilimitada; por ello se construyen vías rectas kilométricas. En cambio, la geografía española es irregular y accidentada, salpicada de montañas, cordilleras y ríos que obligan a que el asfalto siga la silueta del terreno.
Esta adaptación al suelo no es solo un reto para la ingeniería, sino que para muchos conductores supone una experiencia de conducción mucho más atractiva y dinámica.
Por otro lado, cabe destacar que las rectas interminables de Estados Unidos pueden inducir a la fatiga por monotonía, lo cual supone un peligro. En cambio, el trazado español, aunque obligue a estar mucho más atento al volante, ofrece una conexión con el paisaje que convierte un simple viaje de punto A a punto B en una experiencia única para los amantes del motor.

