En la casa de Juan García, uno de los tabacaleros más populares de la región, se inauguró Casa Museo del Tabaco para honrar este producto que cruzó fronteras
El tabaco negro de los Montes de María atrajo a miles de comerciantes extranjeros cautivados por la calidad de esas plantas sembradas con semillas cubanas, las cuales se convirtieron en el primer producto de exportación masiva en Colombia tras las reformas liberales de 1850.
El hombre que llevó la primera semilla de tabaco negro a los Montes de María fue Joaquín Pizarro. Su llegada a Ovejas, Sucre, se dio por el agotamiento de las tierras de Ambalema, Tolima, que hasta mediados del siglo XIX habían sido el epicentro tabacalero del país.
Pizarro, junto a otros personajes como José Joaquín García y Vitalino Zuccardi, vio en las tierras de los Montes de María el escenario perfecto para replicar las vegas cubanas. Se estima que, en su mejor momento, la región impulsó las exportaciones nacionales hasta alcanzar cifras récord.
El mapa de cultivo de tabaco se trasladó a Santander, Huila y Boyacá, donde para 2017 había 5.118 hectáreas cultivadas.
En los años setenta del siglo XX, desde Colombia se exportaban cerca de veinte millones de kilogramos de tabaco por año, principalmente hacia Europa.
El declive y la herencia de los García
En la década de 1980, la bonanza se esfumó. La plaga del gusano cañero y la caída de los precios internacionales frente a la competencia de mercados africanos y asiáticos enfriaron rápidamente la fiebre por el tabaco negro, más conocido como tabaco negro cubita, haciendo referencia a sus orígenes.
La crisis dejó únicamente callos en las manos de los cultivadores, los bolsillos llenos de los dueños de las tierras y una imponente casa de madera estilo antillano como testigo silencioso de las épocas tabacaleras.
La ostentosa casona era propiedad de Juan José García González, más conocido como el «viejo Juan José», un poderoso tabacalero de la región y socio principal de la empresa Tabacos Bolívar, una de las más grandes del sector. Esta empresa fue el puente comercial con los compradores alemanes de la ciudad de Bremen, quienes impulsaron económicamente a la zona a cambio de la icónica picadura para pipa y los cigarros puros.
Fachada de la casa de madera de Juan José García González, actualmente usada como Casa Museo del Tabaco.
El largo trabajo detrás de cada mata de tabaco
En el campo, la planta de semilla cubana se sometía al desbotonado, un rito manual donde los campesinos, en su mayoría mujeres, arrancaban la planta de tabaco evitando que floreciera pues, al no tener flores, las hojas se volvían más gruesas, pesadas y aceitosas, características que definen un tabaco con cuerpo, que al fumarlo no se siente insípido.
En la planta de tabaco, cada hoja tiene un lugar único y fundamental. Las hojas de la parte inferior se caracterizan por ser más secas por dentro, lo que les permite tener una mayor combustibilidad. Estas se llaman “el volado” y garantizan que el puro nunca se apague.
En el tabaco negro cada hoja cumple un papel distinto. Dependiendo de dónde crezca en la planta —volado, seco, viso o ligero— cambia su fuerza, aroma e intensidad. Las hojas de arriba son más potentes, y las de abajo más suaves.
Las hojas de la parte superior de la planta reciben la luz directa del sol, por eso, para protegerse de los rayos, la planta genera más aceites y resinas en estas hojas que en las hojas del volado. Estos ingredientes producidos por la planta hacen que las hojas de la corona sean las encargadas de dar el característico sabor a los tabacos de los Montes de María.
Tras la cosecha, todas las hojas son llevadas al caney, un galpón de palma y madera donde el aire y la sombra cumplen su función: durante sesenta días, las hojas verdes pasan a ser color chocolate y ámbar. Cuando ya están en ese punto, los racimos de hojas se envuelven en tercios de palma de vino, y quedaban listas para llegar a los paladares más exigentes de todo el mundo.
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Enrolladora o Bronchera, herramienta manual utilizada en la fabricación de cigarros artesanales para enrollar y ajustar la hoja de capa sobre el bonche, garantizando uniformidad, firmeza y acabado adecuado del producto.
El resguardo del legado tabaquero de los Montes de María
A partir de noviembre de 2025, en las calles de Ovejas, Sucre, se volvió a respirar el aroma tabacalero que seducía a los mercados de Bremen, gracias a que Piedad Zuccardi, viuda de Juan José García Romero, tuvo la iniciativa de rescatar la memoria tabacalera de los Montes de María.
Entrada de la Casa Museo del Tabaco en Ovejas, hecha para preservar la memoria tabacalera de la región de los Montes de María.
Zuccardi, quien lleva en sus venas la herencia de los tabacaleros más poderosos de la región, aprovechó la imponente casa de madera antillana de su suegro, Juan José García González, para abrir la Casa Museo del Tabaco.
A lo largo de sus seis salas, el museo convierte los antiguos aperos de labranza y los recuerdos de los días amargos de conflicto en la identidad cultural de un pueblo que se levanta de entre las cenizas.
Con este espacio, el tabaco deja de ser un lastre que llevan a cuestas las generaciones que vivieron su bonanza y su caída, y se convierte en motivo de orgullo identitario para cada uno de los ovejeros y los habitantes de los Montes de María, quienes entre los surcos de los cultivos posicionaron a esta región como el epicentro tabacalero del mundo.
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