Con explosivos en la Panamericana y ataques simultáneos, el suroccidente enfrenta una nueva ola violenta que ya deja víctimas y alerta estatal
La carretera más importante del suroccidente colombiano volvió a convertirse en escenario de guerra. No fue en medio de un combate ni en una zona aislada: fue en plena vía Panamericana, por donde pasan buses llenos de familias, comerciantes y comunidades que se mueven entre el Cauca y el Valle del Cauca, confiados de que no habrá problemas en su recorrido. Allí, en cuestión de segundos, todo estalló y encendió las alarmas en Colombia.
7 personas asesinadas y 17 personas heridas de gravedad en el nuevo atentado terrorista de las FARC contra una buseta en Cajibío, CaucaLa paz total de Iván Cepeda y Petro sigue avanzandopic.twitter.com/oGMwW4ZXvB— Daniel F. Briceño (@Danielbricen) April 25, 2026
El ataque, con cilindros cargados de explosivos, impactó varios vehículos, incluidos buses de servicio público, dejando al menos una decena de muertos y decenas de heridos, en uno de los atentados más graves de los últimos años en la región.
Pero entre las cifras hay una historia que empieza a doler más que las demás: la de una lideresa social del Patía que viajaba junto a dos de sus hermanas. No estaban en medio de ningún enfrentamiento. Iban en la carretera equivocada, en el momento equivocado. Murieron juntas.
Una guerra en el Cauca que volvió a la carretera
El atentado ocurrió en Cajibío, un corredor estratégico que conecta Cali con Popayán y que, desde hace años, es disputado por estructuras armadas ilegales. La explosión no solo dejó vehículos destruidos y cuerpos sobre el asfalto: también bloqueó por completo una de las arterias económicas más importantes del país.
Disidentes de las Farc fueron vistos en las calles del municipio de Jambaló, en el departamento del Cauca, disparándose ráfagas de fusil contra la fuerza pública. Es el tercer ataque simultáneo que se registra en el departamento esta tarde. #VocesySonidos pic.twitter.com/te157Ie2dI— BLU Pacífico (@BLUPacifico) April 25, 2026
Las autoridades no tardaron en señalar responsables. Detrás del ataque estaría alias “Marlon”, cabecilla de una estructura de disidencias de las Farc bajo el mando de Iván Mordisco, en medio de una ofensiva violenta que ya venía escalando en el suroccidente.
Así está la Vía Panamericana tras ataque.
La respuesta del Gobierno fue inmediata, pero también reveladora del tamaño del problema: una recompensa de hasta 5.000 millones de pesos por información que permita su captura, una de las más altas que se hayan ofrecido recientemente en el país.
Y no solo eso. Tras un consejo de seguridad, se ordenó el refuerzo militar en Cauca y Valle del Cauca, en un intento por contener una seguidilla de atentados que, en menos de 24 horas, incluyó ataques a estaciones de Policía, instalaciones militares y puntos estratégicos de infraestructura.
Las víctimas que quedan fuera del radar de los atentados del Cauca y Valle del Cauca
En medio del ruido de las cifras, la historia de la lideresa asesinada empieza a tomar forma. Era una mujer reconocida en su comunidad, vinculada a procesos sociales en el sur del Cauca, una región históricamente golpeada por el abandono estatal y la violencia armada. Viajaba con sus hermanas.
🔴 Urgente: Terroristas de las FARC atacan a esta hora con ráfagas de fusil y cilindros bomba a la Fuerza Pública en el municipio de Guachené, en el norte del Cauca. Los uniformados se encuentran refugiados en la estación, repeliendo el ataque. pic.twitter.com/LQ3mXsM7Xe— WEB INFOMIL.COM (@Webinfomil) April 25, 2026
Ese detalle —tres mujeres, de una misma familia— rompe cualquier distancia con la noticia. Porque el atentado no fue contra una base militar ni contra un objetivo específico. Fue un ataque indiscriminado contra civiles que transitaban una vía nacional. En esa misma explosión murieron campesinos, transportadores y pasajeros que no tenían ninguna relación con el conflicto, pero que terminaron atrapados en él.
El presidente Gustavo Petro calificó lo ocurrido como un acto de “narcoterrorismo” y ordenó intensificar la ofensiva contra estas estructuras, en medio de un contexto donde las disputas por rutas del narcotráfico hacia el Pacífico —especialmente Buenaventura— siguen alimentando la violencia.
El Cauca lleva años siendo una especie de termómetro del conflicto en Colombia. Lo que ocurre allí rara vez se queda allí. Cada explosión, cada atentado, es una señal de algo más profundo: territorios en disputa, economías ilegales en expansión y una institucionalidad que sigue llegando tarde.
🚨En este momento Jamundí valle del cauca pic.twitter.com/SXIrZjp7X7— fucho02 (@FUCHO02) April 25, 2026
Hoy, la vía Panamericana amaneció cerrada, con los restos de los vehículos aún visibles y comunidades enteras en alerta. Pero el impacto no es solo logístico ni económico.
Porque entre los muertos no hay solo cifras. Hay nombres, familias, liderazgos que desaparecen sin hacer ruido. Y en medio de recompensas millonarias, operativos militares y discursos de condena, queda una sensación incómoda: la de un país que vuelve a ver cómo la guerra se instala, otra vez, en la mitad del camino.
|Le puede interesar Así fue como a un cementerio de carros y basuras se volvió la gran Biblioteca El Tintal
Navegación de entradas

