Además del turismo, un esquema de ordenamiento vencido ponen en jaque la identidad de Barichara. El patrimonio vivo se enfrenta a la escasez de agua y al olvido
Ubicado en el departamento de Santander, en la provincia de Guanentá, es reconocido por su preservación arquitectónica colonial, su amplia riqueza en costumbres y tradiciones ancestrales y caminos empedrados que se confunden con la diversidad de paisajes. Esta mezcla, sumada al ambiente de tranquilidad, convierte al municipio de los «patiamarillos» en un atractivo turístico imperdible. Sin embargo, el creciente turismo de los últimos años pone en evidencia la turistificación, un fenómeno que arriesga la identidad cultural de los locales. Además, la preocupación por el desactualizado Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT) y las limitaciones de fuentes hídricas amenazan su sostenibilidad.
Barichara fue declarado Monumento Nacional y Patrimonio Cultural de la Nación en 1978. Estos reconocimientos, junto a la pavimentación de la carretera que une a la población con la vía 45A, favorecieron la llegada de visitantes que incluso fijaron allí su primera o segunda residencia. Según datos del MINCIT, los alojamientos inscritos en el Registro Nacional de Turismo (RNT) pasaron de 66 en 2019 a 91 en lo que va del 2026. En cuanto a las viviendas turísticas, el aumento es drástico: de 79 en 2019 a 296 en 2026. Esta oferta masiva transforma la dinámica de vida de los residentes, quienes deben adaptar sus inmuebles hacia la órbita turística.
Si bien el motor de la economía es el turismo, es imprescindible reconocer la pérdida de valores materiales e inmateriales. Las manifestaciones culturales y los oficios artesanales se enfrentan a las lógicas del mercado y a tecnologías de gran escala que modifican las formas tradicionales de elaboración. La introducción de actores externos que reproducen prácticas ancestrales con fines lucrativos plantea desafíos críticos para la transmisión del conocimiento a las nuevas generaciones.
La tendencia inflacionaria de casas y terrenos, sumada a un EOT vencido desde 2015, urge una actualización que establezca límites sostenibles al crecimiento. El encarecimiento del costo de vida ha provocado la salida de los antiguos habitantes, especialmente del centro histórico. Aunque la ocupación hotelera llega al 100%, los elevados costos hacen que los visitantes miren hacia Villanueva, municipio vecino con condiciones similares pero precios significativamente más bajos.
Quizás la problemática más latente es la escasez de fuentes hídricas. Barichara y Guane dependen de la represa “El Común”, ubicada en Villanueva, la cual registra una baja oferta debido al clima seco y la escasa cobertura arbórea de la región. Esto obliga a los municipios a enfrentar racionamientos y cortes constantes. Además, según reportes del SIVICAP, Barichara presenta un nivel de riesgo en la calidad del agua que es inviable sanitariamente.
En conclusión, Barichara —parte de la Red de Pueblos Patrimonio de Colombia— afronta una turistificación invasiva. Es necesario desarrollar un nuevo proyecto social, económico y político que permita afrontar la vulneración de las manifestaciones culturales y la crisis del agua. El reto es evitar que los elementos que le dan vida al pueblo patiamarillo mueran bajo el peso de su propio atractivo.
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