Absentismo: cuando perdemos todos

Absentismo: cuando perdemos todos

Las personas son lo más importante de cualquier empresa. Sin ellas no hay actividad, ni clientes, ni proyectos. Cuando un trabajador se ausenta durante un largo período, no es solo un problema individual, es una situación que afecta a todos.

Cuando una baja se produce por enfermedad, lo primero es la preocupación por la salud del trabajador e inmediatamente, surge otra necesidad: cómo reorganizar el trabajo. En muchas ocasiones la sustitución no es posible y son los compañeros quienes tienen que asumir esa carga adicional.

El problema del absentismo en España ha dejado de ser algo puntual. Es una tendencia creciente y preocupante. Las bajas por enfermedades o accidentes no laborales han aumentado un 4,1% en solo un año y más de un 80% en la última década. Y su coste ya supera los 33.000 millones de euros anuales.

Más allá de las cifras, hay una cuestión clave: no todas las bajas se gestionan igual. Cuando se trata de accidentes laborales, las mutuas funcionan con agilidad y eficacia. Sin embargo, en el sistema público de salud, muchos trabajadores se enfrentan a retrasos en pruebas, diagnósticos o tratamientos que alargan su recuperación.

Esto tiene un impacto directo en las empresas. Pensemos en una compañía donde cerca del 10% de la plantilla está de baja de forma continuada, algo que ya ocurre en algunos sectores. O en una pequeña empresa que, además de funcionar con dificultad, tiene que asumir costes adicionales: pagar prestaciones durante los primeros días y seguir cotizando durante meses, incluso hasta 540 días.

Las bajas por enfermedades o accidentes no laborales han aumentado un 4,1% en solo un año y más de un 80% en la última década

Mientras tanto, el sistema no responde con la misma eficacia. Los servicios públicos están saturados y el Instituto Nacional de la Seguridad Social tiene dificultades para controlar los procesos. El resultado es que cada vez hay más bajas de larga duración.

Sin embargo, las empresas siguen soportando el peso económico. Las cotizaciones han aumentado casi un 8% en un solo año, lo que supone más de 1.100 millones de euros adicionales. Un esfuerzo que no se traduce en una mejor recuperación de los trabajadores ni en una mayor eficiencia del sistema.

Ante esta situación, es necesario actuar. Por ello desde CEIM se ha creado un Observatorio de Absentismo que permite analizar en profundidad, de la mano de empresas y asociaciones, las causas que hay detrás de este desbocado absentismo y plantear soluciones reales.

Una de estas soluciones pasa por reforzar la colaboración con las mutuas para agilizar diagnósticos y altas médicas, como ya ocurre en los accidentes laborales. También es fundamental mejorar la gestión dentro de las propias empresas, con un seguimiento más activo de las bajas y una mejor planificación de la reincorporación.

Además, hay más factores que no se pueden ignorar. En los últimos años, la normativa laboral ha eliminado herramientas que permitían a las empresas gestionar situaciones de absentismo reiterado; y esto, sumado al aumento de la burocracia y la ampliación de permisos retribuidos, complica aún más la organización del trabajo.

En los últimos años, la normativa laboral ha eliminado herramientas que permitían a las empresas gestionar situaciones de absentismo reiterado

Como señalan distintos informes, este incremento de las bajas no responde a un empeoramiento general de la salud de la población. Estamos ante un fallo del sistema, no ante una sociedad más enferma. Por eso, es urgente que las administraciones actúen. Mejorar la eficiencia del sistema sanitario, reforzar los mecanismos de control y reducir las cargas que soportan las empresas no es solo una cuestión económica, es una necesidad para la sostenibilidad del conjunto de la sociedad.

El absentismo no es solo un problema de las empresas. Afecta a la productividad, tensiona a los equipos, perjudica las cuentas públicas y, en última instancia, nos perjudica a todos.

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