Malandro, el restaurante de 800 m² frente a la Maestranza con brasa, chuleta de vaca vieja y 200 vinos en Semana Santa

Malandro, el restaurante de 800 m² frente a la Maestranza con brasa, chuleta de vaca vieja y 200 vinos en Semana Santa

En el barrio del Arenal, frente a la Real Maestranza de Caballería, Malandro se ha consolidado en poco más de dos años como uno de los proyectos gastronómicos más singulares de Sevilla. Un espacio que nace con una idea muy definida: “crear un producto de calidad en un espacio grande, con una ambientación y un interior muy cuidado y la importancia total por la gastronomía y por la experiencia del cliente”.

Esa filosofía se materializa en un edificio de tres plantas y más de 800 metros cuadrados, donde conviven tres conceptos distintos: un bar de nueva generación, un asador centrado en la brasa y un mirador con vistas privilegiadas. Tres espacios diferenciados que responden a un mismo objetivo: ofrecer una experiencia completa.

Si hay una idea que se repite a lo largo de toda la propuesta es el respeto por el producto. “La calidad del producto por encima de todo”, subrayan desde el equipo, Alexis Montero. 

Ese criterio se refleja tanto en la selección de proveedores como en el desarrollo de la carta. “Buscamos siempre la máxima calidad y un producto de cercanía, producto de muy cuidado”, explican. Una filosofía que combina origen local con producto de alta gama cuando el plato lo requiere. En la práctica, esto se traduce en elaboraciones donde el producto se mantiene como protagonista, sin artificios innecesarios.

Más allá de la cocina, Malandro también se construye desde su estética y su narrativa. El proyecto parte de la figura del “malandro”, un personaje ligado al hedonismo y al disfrute, muy presente en la Sevilla del Siglo de Oro. “Un poco el espíritu del malandro, ese pícaro hedonista, vividor, que le gusta el vino, la buena comida y la sobremesa”, explican desde el equipo.

Ese concepto se traslada al interiorismo y a la identidad del espacio a través del trabajo del arquitecto Pablo Roig, que ha desarrollado un diseño contemporáneo con referencias a la tradición sevillana, y del artista local Jaime Abaurre, cuyas intervenciones recorren las tres plantas del edificio con una visión más expresiva y personal. El resultado es un espacio donde el arte y la arquitectura refuerzan la experiencia gastronómica, sin perder de vista ese carácter abierto, vibrante y ligado al disfrute que define el proyecto.

Un espacio con tres conceptos y una misma filosofía

El proyecto se articula en tres espacios bien diferenciados que conviven dentro del mismo edificio, pero con propuestas completamente distintas. La planta baja acoge un bar de nueva generación con una carta más desenfadada y accesible, pensado para un consumo más informal. En la planta intermedia se encuentra el asador, donde el fuego marca el ritmo de la cocina y la propuesta se centra en cortes de carne y producto tratado a la brasa. Por último, en la planta superior, el mirador ofrece la misma propuesta del restaurante, pero con un ambiente más recogido y unas vistas privilegiadas a la Real Maestranza.

Uno de los elementos diferenciales del proyecto es su estructura. “Al final tenemos como diferentes conceptos y posicionarte en nuestra posición como un espacio de gastronomía y ocio abierto”, señalan.

Esto permite que cada planta funcione de forma independiente, con cartas distintas y tickets medios diferenciados, pero manteniendo un hilo común: la calidad del producto y la experiencia del cliente.

Aunque cada espacio tiene su propia identidad, todos comparten un elemento clave: el vino. Con unas 200 referencias, la carta abarca tanto producto nacional como internacional, con especial presencia de regiones como Jerez, Burdeos o Borgoña. Este hilo conductor permite unificar la experiencia gastronómica en todo el edificio, independientemente del espacio en el que se disfrute.La elección de proveedores es otro de los pilares del proyecto. “Al final lo intentamos siempre… tenemos muchísimo respeto por el producto y lo cuidamos muchísimo en esa parte, creo que es una de las partes más importantes, la selección de producto”.

En la práctica, esto se traduce en una combinación de producto de cercanía y referencias de alta gama, incluyendo productos que llegan desde fuera para garantizar la mejor calidad posible.

Una carta que gira en torno al fuego

El fuego es el hilo conductor de la cocina de Malandro. En el apartado “Entre brasas” destacan cortes como la entraña de Angus, el ribeye o la chuleta de vaca vieja, junto a propuestas más especiales como el T-bone o selecciones de carne de origen internacional.

También hay espacio para el cerdo ibérico de bellota DOP Jabugo, pescados salvajes y opciones como el solomillo Wellington o preparaciones a la parrilla que refuerzan el concepto de cocina al fuego.

A esto se suman platos del bar y el restaurante que mantienen el equilibrio entre tradición y producto: desde croquetas de rabo de toro hasta huevo frito con almejas, pasando por propuestas como la molleja de ternera o el plato de molleja con caviar.

La parte dulce tiene un peso propio dentro del proyecto y lleva el nombre de Ana, jefa de pastelería, responsable de una propuesta que se elabora íntegramente en el propio restaurante. Desde el equipo destacan que se trata de una pastelería completamente desarrollada in situ, algo poco habitual en espacios de este tamaño. “Hacemos un producto muy clásico pero muy actualizado a la vez”, explican, combinando técnicas contemporáneas con sabores reconocibles.

Su trabajo se adapta a cada uno de los espacios, con una oferta diferenciada entre el bar y el restaurante, y con elaboraciones que van desde la clásica torrija hasta propuestas más actuales como la cheesecake de pistacho o el tocino de cielo con un toque cítrico. Todo ello se completa con petit fours y mignardises que se sirven incluso con el café, reforzando la idea de que la experiencia en Malandro no termina con el plato principal.

Semana Santa y adaptación a la ciudad

Malandro ha sabido integrarse en el ritmo de Sevilla y en sus momentos más importantes del año. Durante la Semana Santa, el restaurante adapta parte de su oferta a la tradición local.

“Nos adaptamos siempre al gusto de la ciudad, a las tradiciones de la ciudad”, explican desde el equipo. Esto se refleja en la incorporación de guisos de Cuaresma y platos como el bacalao con tomate, así como en propuestas dulces como la torrija.

En fechas clave como la Semana Santa o la Feria de Abril, el restaurante vive uno de sus momentos de mayor actividad, con una alta ocupación y un servicio continuo tanto en mediodía como en noche.

La bodega es otro de los grandes atractivos de Malandro. Con unas 200 referencias, el vino ocupa un papel central en la experiencia. La selección incluye etiquetas nacionales e internacionales, con especial presencia de regiones como Jerez, Burdeos, Borgoña o Piamonte. Una apuesta que responde tanto al cliente local como al perfil internacional que visita Sevilla.

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