Margarita, un pueblo cuyo nombre evoca flores y campos abiertos, lleva años transformado en un enclave rodeado por infraestructuras que poco tienen que ver con su pasado agrícola: estaciones de servicio, naves logísticas, un polígono industrial descomunal y el trazado del Tren de Alta Velocidad. Sus vecinos, cada vez menos, reconocen con dificultad el paisaje que un día habitaron.
Un entorno cada vez más hostil
Los terrenos que antaño se cubrían de flores en primavera han sido sustituidos por surtidores, colas de camiones, ruidos constantes, olores persistentes y potentes focos que iluminan la noche como si fuera de día.
A pesar del desgaste acumulado tras 20 años de expropiaciones y proyectos industriales, los habitantes de Margarita no han bajado los brazos. Su última batalla la han ganado esta misma semana.
El Ayuntamiento veta la quinta gasolinera
El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz ha rechazado la licencia solicitada por una empresa para instalar una nueva estación de servicio en la calle Masparra, justo frente a otra ya operativa. Los técnicos municipales concluyeron que el proyecto incumplía el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), en vigor desde finales de enero, que exige una distancia mínima de 100 metros entre zonas residenciales y áreas de almacenamiento y suministro de carburantes.
Hasta ahora, el pueblo ya convivía con cuatro gasolineras en su entrada, una cifra desproporcionada para un núcleo de solo 30 habitantes.
La parcela donde se pretendía levantar la nueva estación es de titularidad municipal y fue vendida en noviembre de 2025, cuando aún regía el anterior PGOU, que permitía distancias menores. Sin embargo, la entrada en vigor del nuevo plan durante el periodo de alegaciones ha sido clave para frenar el proyecto.
La presión vecinal, determinante
Elkarrekin Podemos, que presentó una de las cuatro alegaciones contra la iniciativa, celebró la resolución y la atribuyó a la movilización social. «Se respeta el PGOU y gana Margarita, la salud y la convivencia vecinal», destacó su concejal Óscar Fernández.
Los vecinos, aunque satisfechos, mantienen la cautela. El alivio es relativo en un entorno donde los malos olores y la contaminación forman parte del día a día. Aun así, consideran este desenlace un respiro y un impulso para seguir defendiendo su pueblo.
A la espera de la naturalización prometida
El Centro de Estudios Ambientales (CEA) tiene previsto iniciar este año un proceso de “naturalización” del entorno, para el que se han reservado 100.000 euros en los presupuestos municipales. La primera fase consistirá en escuchar a los residentes y definir actuaciones que permitan recuperar parte del carácter rural perdido.
Mientras tanto, Margarita celebra una victoria que, aunque pequeña en el mapa, es enorme para quienes se resisten a que su pueblo desaparezca bajo el peso del asfalto y el gasóleo.

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