
Dormir en un castillo rodeado de viñedos, pasear entre robledales junto a la Vega del Duero y descubrir los secretos de la Denominación de Origen Toro a través de catas y rutas por el campo. En la provincia de Zamora, la finca Monte la Reina propone una forma diferente de acercarse al mundo del vino y al paisaje castellano, una experiencia que cada vez atrae a más visitantes que buscan escapadas tranquilas para periodos festivos como Semana Santa.
Situado a pocos kilómetros de la localidad de Toro, este complejo enoturístico combina naturaleza, patrimonio histórico y gastronomía en una finca de gran extensión que invita a desconectar del ritmo urbano. Liderado por Carolina Inaraja, el proyecto fue el primero de estas características en la comarca y con el paso de los años se ha consolidado como uno de los referentes del enoturismo en Castilla y León.
Frente a los destinos más masificados de estas fechas, la comarca de Toro se ha convertido en una alternativa tranquila para quienes buscan una escapada de varios días durante Semana Santa. El entorno natural, el patrimonio histórico de la zona y la cultura del vino ofrecen un plan diferente que combina descanso, gastronomía y actividades al aire libre.
Un proyecto familiar ligado a la historia del territorio
Monte la Reina tiene raíces que se remontan al siglo XV, cuando los Reyes Católicos otorgaron estas tierras, iniciando así una larga relación con la viticultura en el corazón de Castilla.
La etapa contemporánea del proyecto comenzó en 1983, cuando José Miguel Inaraja adquirió la finca y se estableció en la Denominación de Origen Toro. A comienzos de los años 2000 impulsó la creación de la bodega y del complejo enoturístico, una iniciativa pionera en la zona que buscaba poner en valor el potencial del territorio.
Con el tiempo, su hija Carolina Inaraja asumió el liderazgo del proyecto junto a sus hermanos. Desde entonces han mantenido la base familiar del negocio mientras desarrollan nuevas propuestas para acercar el mundo del vino a visitantes de perfiles muy distintos.
Una finca de 1.400 hectáreas entre viñedos y naturaleza
La finca Monte la Reina se extiende sobre 1.400 hectáreas en las que conviven diferentes cultivos, amplios jardines, un edificio multidisciplinar con restaurante y espacios para eventos, además de la bodega y el castillo que se ha convertido en uno de sus elementos más reconocibles.
El entorno natural es uno de los principales atractivos. La zona forma parte de la Vega del Duero y combina altiplanicies, campos de cultivo y bosques de robles de gran valor ecológico. Este paisaje permite recorrer rutas de senderismo o simplemente pasear entre viñedos mientras se observa el ritmo pausado del campo castellano.
Además, su ubicación facilita visitar algunas ciudades con importante patrimonio histórico y artístico como Valladolid, Salamanca o Zamora, así como numerosos pueblos de Castilla y León conocidos por su arquitectura románica.
El castillo neogótico convertido en hotel boutique
Uno de los elementos más llamativos de Monte la Reina es su castillo neogótico del siglo XIX, situado en lo alto de una colina y rehabilitado para funcionar como un pequeño hotel boutique.
El edificio cuenta con ocho habitaciones, cuyos nombres hacen referencia a diferentes variedades de uva. Los torreones del castillo albergan los baños de las estancias y en la planta superior se encuentra una biblioteca pensada para disfrutar de la tranquilidad del entorno.
La arquitectura del lugar se combina con una decoración contemporánea en espacios como el salón principal, donde grandes ventanales y vigas vistas crean un ambiente luminoso orientado al descanso. En el exterior, una piscina y varias zonas ajardinadas permiten contemplar el paisaje que rodea la finca. Desde este punto también parten varias rutas de senderismo y trail running que recorren los caminos del entorno.
Viñedos junto al Duero y vinos con identidad
La bodega de Monte la Reina se encuentra en una altiplanicie cercana al río Duero, a unos 700 metros de altitud. Las condiciones climáticas de la zona, con buena exposición solar, favorecen una maduración lenta de la uva. El edificio, diseñado por el arquitecto Jesús Juárez, destaca por una forma que recuerda a una cámara fotográfica orientada hacia el paisaje.
Alrededor se extienden 300 hectáreas de viñedo propio, donde predominan la uva tinta de Toro y la variedad verdejo. Algunas de las cepas son prefiloxéricas, lo que aporta singularidad al viñedo.
Actualmente la bodega elabora seis vinos tintos y dos blancos bajo la Denominación de Origen Toro, además de otras referencias fuera de la denominación. El trabajo en bodega se desarrolla bajo la dirección de Carolina Inaraja junto al enólogo José Nuño. El enoturismo es uno de los pilares del proyecto y se articula a través de diferentes actividades que combinan divulgación y ocio.
Entre ellas se encuentra “Aromas y Esencias”, una visita guiada por los viñedos y la bodega que termina con la cata de tres vinos acompañados de un pequeño maridaje. También se organiza una cata dirigida a niños, planteada como un taller sensorial adaptado a los más pequeños.
Para quienes buscan una experiencia más especializada existe la actividad “Tradición y Tecnología”, guiada por el enólogo de la bodega y centrada en los procesos de elaboración y en la degustación profesional de varios vinos. La finca también propone planes al aire libre, como un picnic entre viñedos con cesta gastronómica y vino de la casa o el taller Drink & Paint, que combina degustación y pintura en grupo.

