Asomo 2024, de Bodegas García Figuero, un «gancho» para los aficionados al vino

Asomo 2024, de Bodegas García Figuero, un «gancho» para los aficionados al vino

Sacar vinos buenos por precios razonables siempre es una excelente noticia para los aficionados; pero si encima provienen de bodegas consolidadas, de prestigio, apetece más aventurarse, porque sabes que no se lo van a jugar haciendo un vino de medio pelo.

Este es el caso de Asomo, el nuevo vino de Bodegas García Figuero, un monovarietal de tempranillo de los viñedos de La Horra, una de las zonas mejor valoradas de la Ribera del Duero burgalesa. Es de la añada 2024 y tiene 7 meses en barrica. Su precio es de 12´50 euros, y presenta una nariz directa, alegre, donde domina la fruta roja, los recuerdos de crianza como ahumados o vainillas.

La boca tiene un buen paso, con estructura y a la vez sedosa y agradable. La idea es que su disfrute anime a avanzar hacia los grandes vinos de la casa, una especie de “gancho”, para luego ir a más.

Pero veamos quien es García Figuero. Cuando surge la D.O. Ribera del Duero, en 1982, entre sus fundadores aparecen una serie de bodegas, la mayoría de la zona burgalesa, cuyo centro está en pueblos, como La Horra, Roa, Pedrosa, Anguix, Aranda de Duero…, pertenecientes a una serie de viticultores, potentes, y algunas cooperativas. De la parte vallisoletana sólo se apuntan dos bodegas, Protos, que entonces es la cooperativa de Peñafiel, y Vega Sicilia.

 IMAGEN: Los viñedos de García Figuero. Cedida por la bodega.

Antes de que empiece la década de los noventa, ya se han apuntado muchas más; entre las más famosas Alejandro Fernández Tinto Pesquera, en la parte vallisoletana; y Hermanos Sastre, en La Horra, y Pago de Capellanes en Pedrosa de Duero.

Y precisamente en estos dos pueblos hay dos viticultores con mucho viñedo que aún no se han animado y que son Carmelo Rodero en Pedrosa de Duero, del que ya hemos hablado aquí en alguna ocasión, y García Figuero en La Horra. Tienen en común el prestigio de su materia prima, y las bodegas se pelean por comprarles las uvas, que venden a muy buen precio.

Consejos de amigos, propuestas de inversión, y sobre todo el hecho cierto de darle un valor añadido a su negocio, les convenció a dar el salto para elaborar. Rodero saltó primero y los García Figuero algo después. Todo un acierto, y ahora son firmas de mucho prestigio y grandes vinos.

 IMAGEN: Los viñedos de García Figuero. Cedida por la bodega.

Una historia familiar

José María García nació en La Horra perteneciente a una familia de viticultores, de tantas generaciones, que ya ni las cuentan. Se casó con Milagros Figuero, que era hija única y aportó las tierras de su familia, que unidas a la parte perteneciente a José María permitió desarrollar el negocio vitícola tradicional. Incluso en las épocas de menor precio de la uva no se les pasó por la cabeza sustituirlos por otros cultivos, al revés, siempre que podía compraban viñedos.

 IMAGEN: La familia García Figuero. Cedida por la bodega.

En 2001, cuando José María tenía 66 años y Milagros uno menos, juntaron a sus hijos y delante de unos mapas de la zona, el padre de familia empezó a explicarse: “He cambiado esta finca por esta otra, aquella por la de allá, y con un dedo señaló un punto en la carretera de La Horra a Roa donde había decidido levantar la bodega”.

Los vinos se llamarán Figuero. El negocio les había permitido dar formación a los tres hijos que tienen, dos hombres y una mujer, y José María les reclamó que trabajaran con él; y así lo han hecho con sus respectivas parejas, y hasta una preparada nieta que se incorporó hace unos años.

Más familiar la bodega no puede ser, y el patriarca, ahora con 90 años, sigue al pie del cañón y empujando el relevo generacional, pasándole el testigo a sus hijos, Antonio, Carlos, su yerno Felipe y su nieta Cristina. Durante estos años la bodega, que se ha ido ampliando, cuenta con unas 189 hectáreas de viñedo, de las cuales 40 son mayores de 50 años, las joyas de la casa.

Elaboran los Figuero Crianza, Reserva, Milagros Figuero con P.V.P. de 50 euros; y luego de pequeña producción, vinos de viñedos singulares como Pago de Torrosillo y Figuero Tinus, que se venden respectivamente entre 80 y 260 euros.

 IMAGEN: Botella de García Figuero. Cedida por la bodega.

El protagonista de hoy, Asomo, sin embargo, es mucho más baratito, pero tiene la casta y el estilo de la gran casa. Asómense por aquí, quieren decir; y verán cómo buscan más.

 

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