Los resultados de las elecciones extremeñas han sido un autentico mazazo en el tablero político del país. Son las primeras de una serie, con próximos episodios en Aragón, Castilla y León y Andalucía en los meses de febrero, marzo y junio, muy esperada en las sedes del PP pero cuyo guion se ha torcido en la Asamblea de Mérida. La prevista sucesión de derrotas del PSOE se ha confirmado en esta primera cita con una auténtica humillación para los socialistas, sí, pero la presidenta y convocante del adelanto electoral no solo no se ha librado de Vox sino que las urnas han engordado a los de Abascal de tal manera que su anhelada libertad para gobernar es hoy infinitamente más reducida que antes del 21 de diciembre.
La lectura en clave nacional que los de Feijóo tienen programada para los sucesivos comicios autonómicos de 2026 señala al indefectible final del sanchismo. Extremadura, sin embargo, ha mostrado al PP la página menos calibrada de su estrategia, la que escribe, a la par, un también aparentemente inapelable crecimiento de Vox. El incontestable ascenso de la ultraderecha, en un escenario autonómico a priori más adverso a sus proclamas, viene a confirmar los peores temores no solo de los populares sino de cualquier demócrata.
El mensaje lanzado por Vox este domingo tenía sus objetivos mucho más allá de las fronteras extremeñas desde el comienzo mismo de la campaña. Su candidato, un desconocido casi incluso para los propios extremeños, fue ensombrecido desde el primer momento por un Santiago Abascal omnipresente en los videos, los mítines y hasta en los carteles electorales, donde parecía que era el líder nacional quien optaba a la presidencia autonómica. La confrontación con María Guardiola la ha protagonizado Abascal en primera persona y será él, también, quien ahora pondrá las condiciones para el futuro gobierno extremeño en una suerte de primer pulso con Feijóo de los no pocos que se avecinan.
Cómo se resuelva este asalto de Mérida dirá mucho más que a quién corresponde y cómo gobernar Extremadura. El PP lleva tiempo zigzageando en su largo afán por derrotar al sanchismo. Núñez Feijóo, llegado a Madrid con otras expectativas y desde una Galicia sin rastro visible de Vox, ha ido claudicando ante quienes, dentro del partido, le instan a aplicar los mensajes de la ultraderecha para arrebatarle sus votos. Desde Madrid, el duro y exitoso discurso de Isabel Díaz Ayuso, se presenta como el necesario para mantener a raya a los de Abascal, mientras otras voces, como las de Moreno Bonilla desde Andalucía, o la propia Guardiola, desde Extremadura, vienen reivindicando que, fuera de la capital, sus votantes requieren estilos y mensajes más templados. El fiasco de la apuesta de Guardiola ha dejado a estos barones ‘moderados’ sin recursos.
Mientras los siguientes que han de pasar por las urnas ponen sus barbas a remojar, las prioridades de Genóva se revuelven entre la búsqueda de un freno al despegue de Vox o de mecanismos para lubricar sus relaciones como socios necesarios. Las elecciones extremeñas han sido un aviso más fuerte de lo esperado.
No solo para el PP. El PSOE daba por descontada la derrota, aunque no con un castigo tan severo. El nefasto candidato, apoyado por el aparato socialista extremeño en contra de Ferraz y el propio Sánchez, no explica por sí solo tamaña debacle de la que en Moncloa se desligan y pretenden pasar página lo antes posible. La próxima etapa, Aragón, sin embargo, sí tiene un firme hilo de conexión con el presidente ya que la candidata es su hasta ayer ministra y portavoz del Ejecutivo Pilar Alegría. ¿Engordar a Vox como peligro seguirá siendo su mejor opción? Mucho tendrán que cavilar los estrategas socialistas para que la sangría extremeña no siga expandiéndose en otros territorios.
El buen resultado de la opción a su izquierda, Unidas por Extremadura, donde confluían Podemos, IU y Alternativa Verde, con la ausencia de Sumar, también debería marcar un camino para las fuerzas progresistas que hoy apoyan al Gobierno de Sánchez si quieren cerrar puertas al avance de la derecha y la ultraderecha. La ola de derechización que recorre el mundo a lomos de Trump puede explicar algunos escenarios, pero no todos. Extremadura ha sido el primer aviso. Atentos a los siguientes.

