
La pareja formada por Miquel Gelabert y María Miquel presentan continuamente un envidiable aire de felicidad, siempre sonrientes, siempre dispuestos a comentar sus vinos y sus planes, con absoluto humor. Les va bien. En su pequeña bodega situada en Manacor, en Mallorca, en las paredes ya no caben los diplomas y premios obtenidos en los últimos años; así que han habilitado un armario para poder guardarlos.
Su historia es muy curiosa, y de alguna manera es también la historia del progreso del vino mallorquín. Arrancaremos en 1985, cuando la pareja había montado un restaurante en el centro de Manacor. En la zona, en lo que ahora es la denominación de origen Pla y Llevant, a la que ellos pertenecen, tan sólo había siete bodegas. El grueso del vino que se consumía procedía de la Península, y ya empezaba en firme el fenómeno turístico.
“A los viticultores se les trataba fatal, comenta Gelabert, les compraban las uvas y no les pagaban, al menos, hasta la siguiente vendimia. Mi suegro, el padre de María, tenía viñedos, que fue vendiendo y le quedaron algunas parcelas. Estaba harto, continúa Gelabert, y nos dijo que ese año no vendimiaba, qué si queríamos aprovechar las uvas, ahí estaban”.
Salió bien
Aficionados al vino por el restaurante, y miembros de un grupo de seguidores del mundo del vino en Mallorca, se les ocurrió la idea de probar a elaborar, y si les salía un vino razonable venderlo en su restaurante. “En un viaje a Barcelona, me hice con un folleto del Incavi (Institut català de la vinya y el vi) en que explicaba como elaborar, cuenta entre risas Miquel Gelabert, me lo estudié, compramos una barrica nueva, nos hicimos con garrafas de cristal para fermentar blancos y rosados, un pequeño depósito para tintos y nos lanzamos”. Y sorprendentemente el vino les salió rico, así que decidieron convertirse en bodegueros. El suegro les cedió su pequeño viñedo y ellos fueron comprando algunos más.
Han pasado 40 años de aquello y la firma “Vins Miquel Gelabert” es una de las más prestigiosas de toda la isla. En la actualidad disponen de 11 hectáreas de viñedo entre los municipios de Manacor, Felanitx y Petra, y lo más curioso de todo es que trabajan con 30 variedades de uva distintas, y hacen 27 marcas de vino diferentes, con blancos, tintos y rosados. Elaboran entre 45.000 a 50.000 botellas, según la añada. Lo venden todo. El 80% en Mallorca y el resto fuera.
Preguntados a que se debe esa locura de hacer 27 vinos distintos utilizando 30 variedades diferentes, Gelabert responde que son artesanos del vino, que les gusta probar cosas, y que trabaja las variedades que pueden dar buenos resultados. Utilizan las uvas locales de “callet”, “giró”, “prensal blanca”; pero también foráneas como cabernet, merlot, chardonnay, con la que sostiene que le salen vinos muy buenos.
Los vinos
También en estos 40 años el entorno ha cambiado. De siete bodegas que había, ahora hay 63, y la tercera parte pertenece a inversores alemanes y algún suizo. Existe una Indicación Geográfica Protegida, que es Vinos de Mallorca, que agrupa a la mayoría, con sede en Felanitx, que también es la sede de la denominación de origen Pla i Llevant. Con unos siete millones de turistas al año, y una buena parte de ellos con poder adquisitivo que visitan restaurantes y consume vinos locales, la producción vinícola se vende bien, y a precios más elevados que en la Península.
En muy buena posición están los elaboradores tradicionales, como los Gelabert. De toda su gama de vinos he seleccionado dos para catar. Uno es un tinto, el Gran Vinya Son Caules 2017. Está elaborado totalmente con la variedad local “callet” y pasa 12 meses de crianza en barrica. Aparece con mucha fruta negra madura, en nariz, especiado de pimienta negra, clavo y tonos balsámicos, con un fondo de cacao de la madera. En boca está sabroso, vivo, muy mediterráneo. P.V.P. 29 euros.
El otro vino que se ha seleccionado es un blanco, Sa Vall Selecció Privada 2020. Está elaborado en un 60% con la variedad autóctona “giró”, un 30% de viognier y un 5% de pinot noir. Se ha criado durante seis meses en barrica. Se presenta intenso en nariz y con gran complejidad, con presencia clara de recuerdos de melocotón, aparece piel de naranja y tonos de vainilla. En boca es untuoso, con estructura, grasa, y una excelente acidez que lo hace fresco y equilibrado. P.V.P. 27 euros.
Empezó como un juego y con la idea de llevar algún vino a su restaurante, y el resultado es que son un referente de los vinos mallorquines. En el año 2000 decidieron dejar el restaurante y dedicarse sólo a los vinos. Con lo dura que es la restauración, a los mejor es por eso que siempre se les ve tan sonrientes.

