
Todo esfuerzo tiene su recompensa, y a Palodú ha llegado 12 años después. El restaurante de Cristina Cánovas y Diego Aguilar acaba de recibir su primera estrella Michelin, consolidando una trayectoria de más de diez años de esfuerzo, creatividad y pasión por la gastronomía andaluza reinterpretada.
Desde que cruzas la puerta, Palodú transmite intimidad y cercanía. Sus 24 plazas y dos salas —una blanca y otra negra, que reflejan la filosofía de cocina dual de sus creadores— invitan a vivir una experiencia gastronómica distinta, donde cada detalle, desde los cubiertos hasta la atención, tiene un propósito: emocionar al comensal.
Sala Palodú
De barrio a la ciudad: un camino de constancia y talento
Cristina y Diego comenzaron su aventura hace más de una década en un pequeño pueblo de Málaga, con apenas 23 y 25 años. Su proyecto inicial era modesto: tapas y raciones servidas con cariño. Con el tiempo, evolucionaron hacia un gastrobar y finalmente hacia menús de degustación que combinan tradición, modernidad y producto de cercanía.
Caballa con ajo blanco y codium
Hace dos años, decidieron trasladar Palodú al centro histórico de Málaga, justo detrás del Mercado de Atarazanas. Este cambio marcó un punto de inflexión: un espacio más elegante e íntimo, donde la cocina, la sala y el comensal se funden en una misma experiencia. “Queríamos que cada persona que entrara sintiera que estaba en nuestra casa”, explica Cristina.
Cocina dual: dos voces, un solo lenguaje
La cocina de Palodú se define por su concepto de dualidad. Cristina aporta creatividad e intuición; Diego, rigor técnico y calma. Cada plato se cocina a cuatro manos, buscando un equilibrio perfecto entre tradición andaluza y reinterpretación contemporánea.
Los detalles son clave. El color de las salas, la disposición de las mesas, la selección de cubiertos y el cuidado en el servicio convierten cada comida en algo único. “Todos van a intentar darte buena comida, pero los detalles son los que marcan la diferencia”, comenta el jefe de sala.
Menú Palodú: tradición reinventada
El menú degustación, ahora más reconocido que nunca, ofrece una experiencia completa con opciones de maridaje o cócteles a medida. Entre los snacks iniciales destacan:
Gazpacho verde con yuzu kosho
Cristal de maíz, pollo y miso negro
Taco de hierbas, pargo, nori y tobiko
La secuencia de platos principales incluye: caballa con ajo blanco y codium, lengua de vaca con tártara de kéfir, gamba blanca con colágeno de pollo y limón fermentado, pimiento asado con caramelo y suero de cebolleta, tempura con yema y papada, merluza con crema de naranja y aceituna aloreña, salmonete con gazpachuelo y patata, y cordero con apio bola y persimón.
Gamba blanca con colágeno de pollo y limón fermentado
Los postres combinan creatividad y sabor: queso de cabra con yuzu, bizcocho con chantilly y caramelo de miso, chocolate con azafrán y sal de naranja, y unos petits fours que cierran la experiencia.
Un equipo y una familia
Cristina y Diego lideran Palodú con la complicidad de Ana Cánovas, sumiller y hermana de Cristina, quien selecciona vinos artesanales y maridajes coherentes con la filosofía del restaurante. Junto a un equipo de nueve personas, han construido un ambiente donde el respeto, la cercanía y la profesionalidad se sienten en cada servicio.
Nacho, Rebeca y Ana
La primera estrella Michelin no llega por casualidad. Palodú ya contaba con el reconocimiento de un Sol Repsol y recomendaciones de la Guía Michelin, pero este nuevo logro ratifica que la cocina dual de Cristina y Diego ha alcanzado su madurez: técnica, emoción y respeto al producto se conjugan para ofrecer una propuesta que emociona desde la sinceridad de sus raíces andaluzas.
"Este reconocimiento nos da fuerza para seguir soñando y trabajando con el mismo corazón que pusimos desde el primer día”, confiesa Diego. Palodú se consolida así como uno de los restaurantes más personales y auténticos de Málaga, demostrando que la combinación de detalles, cercanía y cocina de alma puede convertir cualquier comida en una experiencia inolvidable.

