La DANA de Valencia situó a España dentro de los 20 países más afectados por la crisis climática en 2024, de acuerdo a un estudio presentado este martes en la Cumbre del Clima de Belém (Brasil), en la segunda jornada de la COP30 en la que España ha anunciado una nueva contribución de 35 millones al Fondo Estratégico para el Clima. Si bien el informe refleja que los mayores daños en términos de inundaciones o tormentas los sufren los países más desfavorecidos, los efectos del cambio climático se dejan ver cada vez con más contundencia también en el llamado Norte Global, en países como España.
La organización Germanwatch ha presentado su última edición de su Índice del Riesgo Climático (CRI, por sus siglas en inglés) en la segunda jornada de la Cumbre del Clima de Brasil, para advertir de que el cambio climático golpea en particular a los países más pobres y necesitados de una financiación por parte de los ricos sobre la que se debería avanzar en la reunión de Belém, pero también que estos países industrializados no están a salvo de las consecuencias del calentamiento global, de modo que bien harían en mitigar su impacto, con compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que también se buscan en esta COP30.
En general, alerta de que entre 1995 y 2024, hubo más de 9.700 fenómenos meteorológicos extremos que le costaron la vida a 832.000 personas en todo el mundo y tuvieron un coste de 4.500 millones de dólares. La DANA de Valencia, que el documento califica de «la peor catástrofe natural de la historia reciente de España», provocó pérdidas de 11.000 millones de dólares, mató a «más de 200» personas —fueron 237 víctimas mortales— y provocó «400 desplazados» y «cientos de miles sin agua ni electricidad».
Hubo avisos pero la comunicación y la acción se retrasaron
Con datos de la Base Internacional sobre Desastres, del Banco Mundial y del FMI, el informe hace una doble clasificación de los países más golpeados por crisis climática, encabezadas ambas por países de ingresos bajos o medios como Dominica, Myanmar, Honduras, San Vicente y las Granadinas o Chad, pero en las que España asoma en puestos que, teniendo en cuenta los 198 países del mundo, podrían considerarse de cabeza, por un motivo principal, la DANA de Valencia, pero que no es el único, porque también contribuyeron a elevar su clasificación las olas de calor que, como a buena parte de Europa, también sofocaron a España en el verano de 2022.
Así, en 2024 España fue el vigésimo país más afectado por fenómenos meteorológicos extremos y ocupó el puesto número 24 en una serie temporal que va de 1995 a 2023. En los primeros 20 puestos de entre los países más afectados en 2024, España y Chile fueron los únicos países de ingresos altos y se explica, en el caso español, por las «lluvias devastadoras» de la DANA, que reflejó los fallos por parte de las autoridades ante los avisos de las agencias de meteorología y en la preparación ciudadana ante catástrofes naturales que también observa en las inundaciones del valle del Ahr, en Alemania, donde murieron 134 personas en 2021.
«En ambos casos, las agencias nacionales de meteorología lanzaron avisos graves con bastante antelación pero la comunicación y la acción a tiempo se retrasaron por parte de las autoridades locales», dice el documento. «La población también carecía de conocimientos en aspectos importantes, como rutas de evacuación», añade. «En España, más de la mitad de las víctimas tenían más de 70 años», abunda, sobre uno de los grupos [de edad, en este caso] que en todos los países es «más vulnerable» ante las catástrofes climáticas.
Las conclusiones de este estudio apelan a un mayor compromiso de los países ricos para financiar las ayudas a los países en desarrollo, que se sitúan en los primeros puestos entre los más afectados por los eventos climáticos extremos. Pero también a una mayor exigencia en el capítulo de mitigación del cambio climático, en la disposición de los países para reducir las emisiones de gases contaminantes, algo que también se dirime en esta COP30, que hará balance del grado de cumplimiento de sus compromisos para cumplir el Acuerdo de París, para que la temperatura global no supere 1,5ºC con respecto a la época preindustrial. En este sentido, los autores del informe subrayan que también los países industrializados, entre ellos España, «resultan cada vez más afectados por los impactos de la crisis climática» y que por eso es necesario que la Cumbre del Clima de Belém encuentre «maneras efectivas para cerrar la brecha mundial». «Las emisiones globales
Nueva contribución económica de España
Por su parte, España ha anunciado este martes en Belém que contribuirá a dos nuevos fondos, sobre naturaleza y sostenibilidad, con un total de 35 millones, que se suman a los 45 millones de euros adicionales para este año que anunció el presidente, Pedro Sánchez, en la cumbre de jefes de Estado y Gobierno previa al arranque de la COP30 este lunes en la ciudad amazónica de Belém.
Según informa fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica, este fondo es la «ventanilla» para conceder la financiación multilateral para mitigar y adaptarse al cambio climático (la llamada CIF) y, de esos 35 millones, tres se destinarán al Programa de Naturaleza, Personas y Clima mientras que los otros 32 millones se destinarán al nuevo programa ARISE (Acelerando Inversiones en Resiliencia e Innovaciones para Economías Sostenibles).
En este caso, serán la primera contribución española a este nuevo instrumento y prácticamente la primera en términos absolutos, porque con esta cantidad España se ha convertido, junto con Alemania, en uno de los dos primeros países que aportan al programa Arise, en el caso de Berlín con 65 millones. Con estas cantidades se espera que el programa pueda ponerse en marcha, movilizar los primeros planes de inversión y avanzar en su implementación.
Plan de refrigeración sostenible
El CRI apuesta también por «establecer objetivos claros de adaptación» a los efectos reales del cambio climático, algo para lo que también este martes la ONU ha lanzado en la COP de Belém un plan para enfrentar de manera sostenible y sin aumentar las emisiones uno de los efectos más tangibles del cambio climático y los eventos «más mortales, con cientos de miles de muertes cada año». Se trata de las olas de calor que, al ir su sucesión en aumento por el calentamiento global, harán que cada vez más habitantes del mundo necesiten sistemas de aire acondicionado, sobre todo en las ciudades, que en muchos casos no podrán pagar, a pesar de que Naciones Unidas cree que debería considerarse «un servicio especial».
Para hacer frente a estas previsiones, el Programa de la ONU sobre Medio Ambiente (PNUMA) ha propuesto una «Ruta de Enfriamiento Sostenible» para ayudar a refrigerar los espacios sin agravar la crisis climática. Consiste en buscar alternativas a la quema de combustibles fósiles para hacer funcionar los aparatos de aire acondicionado, con «soluciones pasivas, energéticamente eficientes y basadas en la naturaleza como techos y espacios verdes, tecnologías de bajo consumo, a través de ventiladores y sistemas híbridos con aire acondicionado, ayudarán en esta tarea».
Con su implementación se podrían reducir las emisiones en un 64 % (unos 2.600 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente), ahorrar 43.000 millones de dólares en gasto energético y de infraestructura y mejorar el acceso a la refrigeración para 3.000 millones de personas.

