Así es la vida de Atenea, Nacho y Miguel, con discapacidad, un año después de la DANA que los hizo aún más vulnerables

Así es la vida de Atenea, Nacho y Miguel, con discapacidad, un año después de la DANA que los hizo aún más vulnerables

El pasado 29 de octubre se cumplió un año de una de las peores catástrofes que han tenido lugar en nuestro país, una enorme riada no sólo se llevó por delante la vida de 229 valencianos, sino que pudo patas arriba la vida de miles de personas, sobre todo la de los mal vulnerables.

De hecho, de las 229 víctimas, 53 tenían discapacidad y otros tantos miles de ellas se vieron directamente afectadas por una DANA, que no solo les hizo perder bienes materiales de los que depende su bienestar y hasta su vida, como respiradores, sillas de ruedas o todo tipo de material adaptado, sino que paralizó terapias esenciales, citas médicas o clases en colegio o institutos.  

Con tres de ellos hablamos hace justo un año. Hablamos con Miguel y su familia, que además de pasar unos días tensos y con miedo debido a su electrodependencia, perdieron la autonomía y dependencia que les daba la furgoneta adaptada con la que se mueve Miguel. También hablamos con Nacho, una persona electrodependiente y en silla de ruedas que perdió todo el material adaptado que había en su habitación, que arrasó entena la riada.

Y con Atenea, una niña con síndrome de Down que tuvo que dejar de ir al colegio y a las terapias porque la riada se llevó su coche y el transporte no llegaba a su zona

Un años después, aunque todos han recuperado cierta normalidad, las heridas de estas tres familias no se han cerrado del todo, sobre las de ver que, ante cualquier situación de emergencia siguen siendo los más vulnerables y los grandes olvidados.

Atenea, la alegría de volver de nuevo a la rutina

Atenea vive en Benetússer, una localidad a 10 minutos en coche de donde acude a su colegio de educación especial. El año pasado, apenas había pasado mes y medio desde que cambió de escolarización y no podía estar más contenta, pero DANA se llevó el coche de su madre, los autobuses dejaron de pasar y para ella, con 9 años -ahora ya tiene 10- era inviable acudir andando al cole, así que estuvo varias semanas sin ir. También se quedó sin terapias, con todo lo que supone para personas con Atenea, a la que le afectan mucho los cambios y no entiende lo que ocurre a su alrededor, “es muy sensible a todo lo que pasa a su alrededor, pero no me puede expresar», con contaba Cristina, su madre, hace un año.

Lo que más necesitaba Atenea era volver al colegio, sus terapias y ver a sus amigos, y poco a poco lo ha ido consiguiendo, “nos costó bastante y hasta que conseguimos coche, y el autobús público lo llevo muy mal, pero todo con ellas, con Atenea y con su hermana ha vuelto a su camino”, dice aliviada.

Un año después Atenea va al cole con normalidad, y ha recuperados sus terapias y, como asegura Cristina, vuelve a ser “una niña feliz y relajada”.

Su madre, que trabajaba en un juguetería afectada también por la dana, sólo hace unos días que encontró un nuevo trabajo. Un pasito más hacia la ansiada normalidad. 

Miguel, con furgoneta nueva y de Erasmus por Europa

Las primeras horas tras la Dana, la familia de Miguel vivió momentos de mucha angustia. Debido a una enfermedad neuromuscular, necesita ayuda para respirar y, aunque el agua no llegó a su casa, pues viven en un segundo, al quedarse sin luz se quedaron también sin energía para abastecer los soportes vitales que necesita Miguel, no solo para respirar, también un aspirador, un humidificador, el colchón…

Una vez recuperada la luz y más tranquilos porque la vida de Miguel no corría peligro, se dieron cuenta de que habían perdido algo muy valioso para Miguel, una furgoneta adaptada con la que no solo va a al instituto, algo muy importante para él, sino que realiza otras actividades de gran valor para él, «la necesitamos para ir a cualquier sitio, porque el transporte público no está adaptado para él ni para ninguna persona en su situación, y ahora ni siquiera tenemos. Estar sin furgoneta lo deja, no solo sin poder ir al hospital, sino también sin su ocio, que es muy importante para él, es lo que le da la vida», reconocía Gádor, su madre, hace un año.

Un año después, tienen furgoneta, pero no gracias a las administraciones, sino a la solidaridad, “tenemos furgoneta adaptada gracias a la gente, a un crowdfunding, porque las ayudas por parte de la Generalitat han sido las mismas que para los vehículos no adaptados, cuando a nosotros nos cuesta y lo necesitamos muchísimo más. Y a nosotros no nos da la vida para reclamar. Mi marido tiene que trabajar y yo cuidar de mi hijo y no nos podemos permitir una persona que nos ayude», asegura Gádor.

A toda esa gente, a esos ‘corazones solidarios’, no pueden estar más agradecidos porque tenerla les ha permitido viajar bastante, “le concedieron una beca Erasmus a Brest y pudimos ir gracias a este vehículo. También pudo reanudar sus conferencias, charlas y empoderarse y agarrarse a algo en unas circunstancias tan complicada como tiene mi hijo”.

Tenemos furgoneta adaptada gracias a la gente, porque las ayudas han sido las mismas que para los vehículos no adaptados

En cuanto al instituto, lo que quedaba de curso, le permitieron dar las clases on line porque al lugar donde reubicaron a sus compañeros de segundo de bachillerato, en la casa de la cultura del ayuntamiento de Albal, el ascensor no iba “y sigue sin ir”. Este curso ya ha podido empezar de las asignaturas que le quedan y ya tiene profesores que vienen a casa.

A pesar de haber recuperado la normalidad, Gádor no puede evitar sentir que, una vez más, las personas con discapacidad y sus familias siguen siendo las grandes olvidadas, “en la Comunidad Valenciana hay unas ayudas a la discapacidad para material que, aunque no cubren todos los gastos, vienen muy bien. Suelen salir cada año a principios, y este año todavía no han salido, así que, mientras ellos se pelean como en un patio de colegio nosotros somos los perjudicados”.

Nacho, normalidad, pero con cicatrices

La familia de Nacho, con una grave enfermedad neuromuscular, lo pasó realmente mal aquel 29 de octubre y las semanas siguientes. La riada no solo se llevó parte de su casa, sino enseres muy importantes para el bienestar y la vida de Nacho, como respiradores, camillas, el baño adaptado… 

A aquellas primeras horas angustiosas por temor a que los soportes vitales de Nacho se quedaran sin batería, siguieron semanas de angustia, pues su madre y él se fueron a vivir con su tía para que él estuviera bien y Jose, su padre, y su hermano mellizo se quedaron e casa arreglando lo que pudieron para que volvieran cuanto antes, “fue muy duro pasar esto separados”, recuerdan.

Un año después, José y Marisa nos cuentan que ha sido un año complicado, sobre todo a nivel psicológico, “todo lo que pasamos esos días es muy difícil de olvidar, y cuando llueve nos ponemos muy nerviosos”.

La recuperación de las cosas materiales tambien ha ido despacio, anque más deprisa en las cosas de Nacho gracias a entidades como Feder y Cocemfe y la solidaridad de los vecinos y amigos de su pueblo, que les ayudaron comprando cosas que necesitaban, “hoy podemos decir que tenemos el 90% de sus cosas y él ha recuperado sus rutinas y su normalidad. Con las prisas con las que reconstruimos su habitación, sale humedad y salta la pintura, pero no nos importa”.

Lo que tardó bastante más en llegar fueron las ayudas de las distintas administraciones, “llegaron, pero meses más tarde, y para Nacho no podíamos esperar, y al final lo hemos usado para arreglar la casa. Nuestra prioridad era reponer lo suyo rápido para que notara lo menos posible, y creo que lo hemos conseguido. De la magnitud del desastre nunca fue consciente”.

El caso de la furgoneta adaptada que perdieron sí se ha complicado. De hecho, por varios retrasos de la empresa que adaptan coches, aún no disponen de ninguna. Una vez más, la solidaridad de la gente ha ganado, pues una familia de Granada les donó un coche adaptado que iban a cambiar, “es pequeñito, pero es lo que hemos estado usando desde enero y estamos agradecidísimos. Cuando tenemos que hacer un viaje la familia, usamos el adaptado para llevar a nacho y la familia y alquilo otro para llevar todas sus cosas”, cuenta Jose.

Todo lo que pasamos esos días es muy difícil de olvidar, y cuando llueve nos ponemos muy nerviosos

El resto de la vivienda, por dentro, está ya reformada, pero fuera aún quedan algunas cosas que hasta ahora no han podido arreglar, “podemos vivir con eso, porque no es urgente, pero no deja de ser un recordatorio de todo lo que pasó y queremos también hacerlo cuanto antes”.

De hecho, durante este tiempo, se han planteado cambiarse de vivienda, porque, “aunque no es tan fácil volver a empezar, solo de pensar que puede volver a ocurrir… también estamos pensado poner barreras anti inundación, pero está todo disparadísimo de precio”, se quejan.

Otra espinita clavada es que las administraciones, una vez más, parecen no verles, “no nos han hecho ni una llamada para ver cómo estamos, cómo está Nacho… y, por ejemplo, en el ayuntamiento saben perfectamente que existe y las necesidades que tiene. Y estamos convencidos que hay gente que ha estado aún peor que nosotros y que aún necesitan mucha ayuda. Nosotros, dentro del que cabe, estamos bien, y muy agradecidos por estarlo”.

Fuente