La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, compareció este miércoles en el Congreso para dar cuenta del Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 que el Gobierno quiere aprobar antes de que acabe el año. La estrategia para canalizar la inversión pública diseñada por el Ejecutivo no termina de convencer a los socios a la izquierda del PSOE, que criticaron el planteamiento y pidieron más «valentía». Sin embargo, Rodríguez evitó el choque asegurando que la voluntad de atajar la crisis habitacional es compartida y cargó contra el otro lado del arco parlamentario, desde donde PP y Vox rechazaron de plano la propuesta del Gobierno.
El primero de los socios en mostrar sus discrepancias fue Sumar. «En el plan hay algunos avances interesantes, pero es insuficiente. Carece de la audacia y la urgencia que el momento necesita», lamentó el diputado Gerardo Pisarello, que a voluntad aplaudió el compromiso del Ministerio de Vivienda de blindar la protección del parque público, pero pidió «más valentía». El portavoz de Sumar instó a aumentar el presupuesto destinado a vivienda, a evitar ayudas que acaben en el bolsillo de los «rentistas», a redoblar la protección de los inquilinos y a combatir la compra especulativa de inmuebles, medidas en la línea del plan alternativo presentado el lunes por la formación de Yolanda Díaz.
«Compartimos la orientación de las políticas, con algunas diferencias en ritmos o intensidad, pero estoy segura de que también vamos a poder converger en ellas», le respondió la ministra, que pidió no «generar falsas expectativas a la ciudadanía». «Un real decreto que esté en vigor un mes no es la respuesta que necesita la ciudadanía», criticó de forma velada al paquete de medidas propuesto por Sumar, recordando las complejidades de la aritmética parlamentaria.
Al igual que el representante de Sumar, también la diputada de ERC Etna Estrems valoró positivamente el «esfuerzo» del Gobierno plasmado en el Plan Estatal de Vivienda, pero aseguró que el borrador no les termina de gustar e hizo un llamamiento a que no se inyecte dinero público en el mercado privado. «Les pido que se atrevan, que cuenten con nosotros y que no utilicen la excusa de que no tienen una mayoría en esta cámara», añadió Estrems dirigiéndose a la ministra y al PSOE y pidiendo, en particular, el desbloqueo en el Congreso de la proposición de ley para regular los alquileres de corta duración.
Más duro fue el diputado de Podemos Javier Sánchez Serna, que calificó de «vacío» el Plan Estatal de Vivienda elaborado por el ala socialista del Gobierno y lamentó que reincide en medidas que no han servido en el pasado para frenar los precios, como son, a su juicio, las ayudas directas al alquiler. «Es dinero público que se va directamente al bolsillo de los rentistas y que tendrá efectos inflacionarios», vaticinó. «Sé que tenemos perfiles distintos, pero nunca he dudado ni dudo de que en la gran causa del derecho a la vivienda estamos juntos», le respondió Rodríguez, apostando por un tono conciliador y por evitar entrar en el cuerpo a cuerpo con los socios parlamentarios.
«Hay dos bloques: los que estamos en las soluciones y los que están en la nada», quiso resumir la ministra. «Tengo mucha confianza en ustedes, en que desde diferentes perspectivas ideológicas podamos construir todos la solución de este problema», añadió dirigiéndose a los socios. «Es legítimo que cada uno exprese sus propuestas, pero viendo lo que tenemos enfrente, les pediría que acordemos, que dialoguemos, que contemos votos, que los juntemos y que les ganemos», se le sumó el diputado socialista Javier Rodríguez Palacios.
Más allá de las críticas de la izquierda −Bildu optó por no participar en el debate porque el Plan Estatal de Vivienda no se aplica en País Vasco ni Navarra−, Junts y PNV también señalaron puntos a mejorar en el planteamiento del Gobierno, aunque desde una postura menos beligerante. «Parece que están en la vía de escuchar un poco más y apartarse del sectarismo y de algunos dogmas», aplaudió la diputada de Junts Marta Madrenas, que dijo ver el texto como una «enmienda» a los errores de las políticas de vivienda anteriores.
Con quien sí hizo explícitas sus discrepancias la ministra fue con PP y Vox. Al partido presidido por Alberto Núñez Feijóo le afeó no tener, a su juicio, una postura unánime en torno al Plan Estatal de Vivienda, que hace diez días debatió con las comunidades autónomas en la Conferencia Sectorial de Vivienda. Rodríguez apuntó a que la acogida ha sido mejor entre los Gobiernos autonómicos que en la dirección del partido, aunque públicamente también los responsables de las comunidades dirigidas por el PP han criticado el planteamiento del Gobierno. «Sigo confiando en que hay otra vida más allá de la calle Génova y otro PP que puede representar mejor a nuestra España», expresó en ese sentido Rodríguez, que pidió a las comunidades «corresponsabilidad financiera» y «responsabilidad política e institucional».
La ministra avanzó que su departamento trabaja en buscar la fórmula para aplicar el plan estatal a través de los ayuntamientos, proveedores sociales de vivienda y las organizaciones del tercer sector en aquellas comunidades que no acaten los requisitos básicos planteados por el Gobierno −cofinanciar el 40% de los fondos, blindar las VPO que se construyan y aportar datos de forma más transparente−. El proyecto diseñado por el Ejecutivo triplica los fondos con respecto al plan anterior hasta los 7.000 millones de euros y recoge varias líneas de ayudas para fomentar la construcción de viviendas protegidas, para aliviar a las familias el pago del alquiler y para fomentar el acceso de los jóvenes a la vivienda y la rehabilitación, entre otros puntos.
«Ha venido cargada de políticas de cartón piedra, con el vacío que inunda su gestión y con una mochila cargada de sectarismo», le respondió a la ministra el diputado popular Sergio Sayas, que remarcó la falta de consenso incluso entre los socios de coalición. «No necesita oposición externa, porque se la están haciendo sus compañeros del Consejo de Ministros», le dijo a la ministra, calificando el plan estatal como un «trágala» de «políticas huecas».

