Lecornu anuncia nuevo Gobierno: mantiene a los pesos pesados de Bayrou

Lecornu anuncia nuevo Gobierno: mantiene a los pesos pesados de Bayrou


Francia ya tiene su tercer gobierno tras la absurda y desastrosa disolución decidida por el presidente Emmanuel Macron en junio de 2024. Tercero, y quizá último, si una mayoría de parlamentarios de diferentes tendencias deciden exponer la cabeza de Sébastien Lecornu como trofeo en el muro de caza del legislativo, junto a las de Michel Barnier y François Bayrou. 

Un equipo de continuidad con pocas novedades. El nombre más sorprendente es el de Bruno Le Maire, que fue responsable de Economía y Finanzas durante los siete primeros años de la presidencia de Macron y, por tanto, corresponsable del déficit de 3,3 billones de euros que sufre Francia. Le Maire se hace cargo del ministerio de Los Ejércitos. Un nombramiento que parece una broma, tras las críticas que recibió y que él mismo desvió hacia Macron.

La patata ardiente de Economía recae en un macronista histórico, Roland Lescure, que sustituye a Éric Lombard, considerado cercano al Partido Socialista. Continúa en su puesto el responsable de Interior, Bruno Retailleau, presidente del partido de la derecha tradicional, “Los Republicanos”, así como otros miembros de este partido, los titulares de Trabajo, Cultura, Agricultura o Vivienda. Los macronistas o asociados retienen los ministerios de Asuntos Exteriores, Igualdad o Ultramar (Manuel Valls) o Educación.

Pero los nombres no eran la principal preocupación de los franceses ni de sus representantes políticos. Antes del “Discurso de política general” que el nuevo jefe del ejecutivo debe pronunciar el martes, sus adversarios conocen ya dos decisiones que Lecornu ha dejado claras: no recurrirá a la llamada “Tasa Zucman”, que propone aplicar un 2% de cargas a los patrimonios por encima de los 100 millones de euros. Esa medida, apoyada desde la extrema izquierda a los socialistas, podía llevar a las empresas a tener que pagar en acciones y llegar incluso a perder el control de la sociedad en favor del Estado. Una medida de confiscación dentro de un programa colectivista, auspiciado por un economista financiado por figuras del capitalismo norteamericano, como el inevitable George Soros. Lecornu propone un sucedáneo más suave, es decir, una tasa sobre el patrimonio financiero que no afecte al patrimonio profesional.  

Además, Lecornu ha eliminado de las futuras negociaciones sobre el presupuesto la abrogación de la reforma de las pensiones. Propone a cambio medidas específicas, en concreto para aumentar el monto de la jubilación de las mujeres. Para calmar los ánimos de la izquierda, el inquilino de Matignon se compromete también a no utilizar el denostado artículo 49.3 de la Constitución, que permite adoptar leyes sin pasar por el voto del legislativo, un “casus belli” que empuja directamente al voto de censura. Con ello, deja en manos de los parlamentarios la decisión de adoptar o tumbar las propuestas de cada cual. 

Todas las esperanzas de Sébastien Lecornu y del propio Emmanuel Macron estaban fijadas en la actitud del Partido Socialista. Al cortejo del PSF y sus 68 diputados se han entregado desde el jefe del Estado a muchos de los diputados macronistas, pasando por algunos de los ministros cercanos al “partido de la rosa”, como el hasta hoy responsable de Economía y Finanzas, Éric Lombard: “Las negociaciones solo podrán llevarse a cano con los partidos que buscan sinceramente la estabilidad de Francia”, dijo el ministro en funciones para incitar al PS a la responsabilidad.

Socialistas descontentos y frustrados

Pero los socialistas no parecen muy convencidos tras sus encuentros con Lecornu y califican su plan de gobierno de “muy insuficiente y, en muchos casos, alarmante”.  Nada impedirá al PSF proponer en la Asamblea la adopción de la “Tasa Zucman”, pero Lecornu les advirtió que las fuerzas de centro se opondrían (como RN y la derecha tradicional). Si las iniciativas socialistas no salen adelante, será por no contar con la mayoría de los votos en la Asamblea y no por maniobras del gobierno utilizando la Carta Magna.  

El Partido Socialista no solo se juega su imagen de “partido de gobierno”, sino también su propio futuro electoral a seis meses de las elecciones locales y a un año y medio de las presidenciales. Insultados y despreciados por Mélenchon (“Los necios de la izquierda moderada”), los socialistas hacen cálculos: si logran presentarse unidos con ecologistas, comunistas y el partido del socialdemócrata de Raphael Glucksmann (“Place Publique”, favorito en los sondeos entre la izquierda), podrían obtener hasta un 20% de intención de voto, por un 10% del partido melenchonista, según indican las encuestas de opinión. Con ello podrían certificar definitivamente su divorcio con “La Francia Insumisa” y sacudirse la sumisión al caudillo bolivariano, prochino, proPutin y proHamás. 

De “La Francia Insumisa” de Jean-Luc Mélenchon, Lecornu no puede esperar nada. Ya antes del nombramiento del exministro de los Ejércitos la formación de la extrema izquierda había anunciado su rechazo en busca, no solo de la disolución, sino de la “destitución” del presidente Macron. Jugando a fondo la carta de la “palestinización” para atraerse el voto de las “banlieues” pobladas por una mayoría de ciudadanos musulmanes, LFI había anunciado ya su propuesta oficial de censura sin esperar la hoja de ruta que presentará Lecornu el martes.

Las dudas de Marine Le Pen: guillotina directa o abstención de confianza

La jefa de la derecha nacionalista se mostró el viernes pasado muy escéptica tras su encuentro con Lecornu. Apreció, eso sí, que el jefe de gobierno renunciase a aplicar su programa base de decretazos. Le Pen y sus tropas esperan al discurso del nuevo “premier”, el martes, para decidir definitivamente si votan por su derribo o le conceden una posibilidad de gobernar.

Para RN, las exigencias no han cambiado: freno a la inmigración ilegal, bajada de impuestos (o al menos, no subida), lucha contra el fraude social y reducción en la contribución a la Unión Europea, entre otros puntos. “Ruptura (con el método Macron) o censura”, repite Le Pen. Pero la decisión de tumbar a Lecornu no está tan clara dentro del partido. Algunas opiniones se preguntan cuál sería el beneficio de disolver la Asamblea ahora y celebrar unas elecciones que, quizá, no darían la mayoría a RN. También se cuestiona que se pueda decidir la caída del gobierno en un voto compartido con la extrema izquierda de Mélenchon . Habrá que esperar, pues, al discurso de Lecornu del martes para saber definitivamente cuál será la decisión de Marine Le Pen y sus 138 diputados. 

Derecha moderada: “O nosotros, o la izquierda y el caos”

La derecha tradicional de “Los Republicanos” esperaron hasta la tarde de este domingo para mantener su participación en el nuevo gabinete. En su comunicado, LR afirma que “sin su acuerdo, la formación de un nuevo gobierno sería imposible, lo que agravaría la crisis institucional y financiera que amenaza a nuestro país”. Algún dirigente del mismo partido lo decía más claro: “Si no aceptamos entrar en el gobierno, pasamos la mano a la izquierda, con el riesgo de convertirnos en responsables del caos”. 

Los responsables de la derecha manifiestan que, tras sus conversaciones con el primer ministro, se puede asegurar que se descartan las “locuras presupuestarias y fiscales propuestas por la izquierda”. Lecornu parece haber tenido también en cuenta las exigencias de la derecha sobre la inseguridad y la inmigración, aunque LR espera precisiones sobre estos asuntos, entre otros.   

A dos días de la presentación en la Asamblea de su breviario, Sébastien Lecornu, tiene asegurado el apoyo de la llamada “base común” que sostuvo, en un principio, a Barnier y Bayrou, es decir, “Los Republicanos”, el partido de centroderecha “Horizons”, el centrista MoDem y la formación macronista, “Renacimiento”.

El suspense sobre el apoyo socialista a la moción de censura propuesta por Mélenchon parece diluirse. Si Lecornu se inclina hacia derecha – como parece -, el PS tendrá complicado no votar la guillotina. En la noche del domingo parecía menos improbable una abstención del partido de Marine Le Pen a la iniciativa de la izquierda para tumbar ipso facto al séptimo jefe de gobierno en los ocho años de la presidencia de Emmanuel Macron. En todo caso, Le Pen puede decidir si el de Lecornu se convierte en el gobierno más efímero de la V República.

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