Tras la caída, los ladrones intentaron arrebatarle más cosas, pero Camilo rodó hasta la calzada vehicular y se tiró a la vía: “Los carros empiezan a frenar, a pitar, porque, pues obviamente, me tiré a la calle como una salchicha”. Esa reacción, aunque arriesgada, fue lo que le permitió levantarse y correr.
Dos de los delincuentes lo persiguieron mientras el tercero se llevaba la scooter. Camilo alcanzó a llegar hasta la carrera 14A, donde encontró un carro estacionado y a dos mujeres paseando sus perros. “Yo llego ahí gritando: ‘¡Ayuda, ayuda, auxilio! ¡Me están robando! ¡Me robaron, me robaron mi scooter!’”, relató.
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En medio del susto, no notó al instante las lesiones. “Con la adrenalina no sentía nada. Luego fue que empecé a sentir dolor en el hombro, en la pierna, en la rodilla, porque, pues, me había pegado un costalazo contra el suelo”. Por fortuna, los golpes no fueron graves.
El joven denunció el robo ante las autoridades, confiando en que tal vez pueda recuperar la scooter, que había comprado apenas un mes antes y estaba asegurada. “Qué mierda, o sea, que te roben las cosas por las que tanto trabajas y sueñas. Y qué cobarde la gente que te roba, entre tres… de verdad, me parece ridículo, cobarde, absurdo”, expresó.
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Antes de terminar su testimonio, Camilo dejó una advertencia para quienes usan bicicleta o scooter en Bogotá: “La 116 en la noche, vetada. 100% mejor ir por la calle de los carros, la verdad”.

