María José Catalá dejó claro en el Debate del estado de la ciudad de 2025 que solo tiene ojos para Valencia. Después de tanta rumorología sobre su traslado a la presidencia de la Generalitat, la alcaldesa evidenció con sus planes de futuro que va a necesitar más de una legislatura para abordar todo lo que anunció.
La regidora pidió a la oposición elevar la mirada y poner «luces largas» para afrontar el futuro. Es bueno constatar que hay políticos que no piensan en el corto plazo, triste destino de una política nacional que vive al día y que arreen otros con lo que venga.
Por desgracia, el debate constató que no hay posibilidad de que Gobierno y oposición se entiendan, ni tan siquiera en asuntos capitales. Esto no solo afecta a Valencia, es otro de los males que se han enquistado en la política española. Eso y el conflicto político. Porque una cosa es la polémica, inherente a la política, su razón de ser, y otra el conflicto dañino, como bien explica Armando Zerolo.
Pongamos el caso de la emergencia habitacional. ¿Qué propone la alcaldesa? Pacto de Estado, seguridad jurídica mediante una agencia pública de alquiler y más viviendas públicas. ¿Qué propone la oposición? Topar precios, canon a las viviendas vacías para incentivar el alquiler (curioso incentivo), prohibir los apartamentos turísticos y más inversión pública. Poca imaginación.
La vivienda es fundamental para el sistema. Nuestra democracia, aunque algunos no lo quieran ver, está estrechamente unida a un modelo económico basado en el esfuerzo, ahorro y propiedad. La vivienda genera raíces, seguridad, legado. Hace poco Manuela Carmena explicó el salto cualitativo de la vida de los españoles cuando pudieron acceder a una vivienda. En la España de entonces se hablaba de lograr ser un país de propietarios y no de proletarios. Hoy circulamos en dirección contraria. Y no por el libre mercado como dicen. La alcaldesa antes que «luces largas» debe reclamar más luces.

