Estacazo espectacular de la agencia de notación “Fitch” a la situación financiera y política de Francia. No por esperada el dolor es menos intenso en París. La agencia de notación norteamericana, una de “Los tres grandes”, con “Standard & Poor’s” y “Moody’s”, rebajó la nota de la deuda soberana de la segunda potencia europea de AA- (Calidad elevada) a A+ (Calidad media-superior).
Desde el último boletín de notas de Fitch, hace un año, Francia desciende de categoría y se une a un pelotón de segunda división que comparten la A+. Si el año pasado se salvó por los pelos, hoy cuando los ojos de los inversores internacionales estaban fijados en la sentencia, Fitch sanciona “la incapacidad de cuatro gobiernos para reducir eficazmente el déficit público en un año”.
La agencia de notación entra de lleno en la situación política de Francia. En el comunicado que acompaña el morrocotudo sopapo y justifica la pérdida de la doble A, se subraya que “la caída del gobierno tras el voto de confianza ilustra la fragmentación y la polarización creciente de la política interior”. Los examinadores de Fitch juzgan que “esta inestabilidad debilita la capacidad del sistema político para iniciar una consolidación presupuestaria de envergadura” y, todavía más cruel, considera improbable reducir el déficit al 3% del PIB en 2029, como aspiraba el gobierno saliente.
El defenestrado François Bayrou incluía en su proyecto presupuestario reducir el déficit, de 5.8% en 2024, al 5.4% este año y a 4.6% en 2026, con su recorte de gastos de 43.800 millones de euros.
Según recogía anoche “Le Figaro", la mayoría de los expertos considera que incluso un presupuesto con reducción de la mitad del gasto del propuesto por Bayrou no permitiría sino llegar a un 5% en 2026. Los socialistas presentaron un contra-presupuesto con recortes por 22 .000 millones.
En el mismo diario, la economista francesa, Lucile Bembaron, indica que la sentencia de Fitch pone fin a una incongruencia. La diferencia de notación entre Francia y algunos de los considerados peores alumnos europeos, como España (A-), Portugal (A-) o Italia (BBB+) “era ya difícil de justificar”, teniendo en cuenta las tasas menos elevadas con los que estos países se financian en la actualidad. (Por su parte, S&P subió ayer la nota de España a A+).
La deuda francesa alcanza ya los tres billones y 345.000 millones de euros (113,2 % del PIB). Como cargas por ella, París pagó en 2024 cincuenta ocho mil ochocientos millones. A ese ritmo, la cifra podría llegar a los 107 mil millones en 2029.
Las reacciones de los diferentes políticos franceses estaban ya redactadas antes de la bofetada de “Fitch”. El ex primer ministro Bayrou, lanzaba una coz de despedida sentenciando en “X”: “Un país, cuyas élites conducen a rechazar la verdad, está condenado a pagar el precio”. Con ello pretende culpar a quienes no le han dado su confianza en la Asamblea, tras haberles mostrado las cifras que, según él, pueden comparar al país con los ´últimos momentos del “Titanic”.
La respuesta al centrista guillotinado el lunes pasado llegó del miembro de “La Francia Insumisa” Eric Coquerel: “Los únicos responsables de esta degradación son los que han dramatizado sobre el estado de las finanzas públicas para beneficio de su agenda política”. Coquerel se refería a los discursos de Bayrou sobre la posibilidad de que Francia cayera bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional.
La reprimenda de “Fitch cae de lleno en plenas negociaciones del nuevo jefe de gobierno, Sébastien Lecornu, para llegar a un acuerdo de no censura con el resto de las formaciones políticas. En cualquier caso, la concesión de las orejas de burro al alumno Francia y, en realidad, a Emmanuel Macron, no van a hacer variar los argumentos de cada uno: para la izquierda, la opinión de las agencias de notación norteamericanas no es tan importante. Para la alianza gubernamental entre centristas-macronistas y la derecha moderada, “Fitch” critica el gasto público desmedido y la presión fiscal ejercida sobre los contribuyentes y, por lo tanto, le da la razón. El problema sigue siendo el mismo para todos: Recortar, sí, ¿pero qué partidas?

