
La Costa Blanca es uno de los destinos más codiciados del verano, tanto por viajeros internacionales como por quienes buscan experiencias diferentes en el ámbito gastronómico. Alicante, que en los últimos años se ha posicionado como un enclave imprescindible para los amantes de la alta cocina, suma un nuevo referente con nombre propio: Pelican, un restaurante que ha revolucionado la escena culinaria local gracias a su enfoque cosmopolita y su habilidad para fusionar tradición mediterránea con técnicas japonesas de vanguardia.
El proyecto está liderado por el chef Pablo Berenguer Solbes, formado en cocinas de prestigio en Japón y Europa, donde perfeccionó las técnicas más depuradas del recetario nipón. Hoy, reinterpretadas con producto de cercanía y una mirada contemporánea, esas enseñanzas se convierten en platos que sorprenden tanto a comensales locales como a visitantes internacionales.
Pelican no es solo un restaurante: es un punto de encuentro gastronómico que refleja cómo Alicante se abre al mundo sin renunciar a sus raíces. La ubicación de sus dos espacios refuerza esa filosofía. Uno se encuentra en la Plaza de Gabriel Miró, pleno corazón de la ciudad, mientras que el otro está en primera línea de la Playa de San Juan, ofreciendo dos escenarios distintos para disfrutar de la misma esencia culinaria.
La terraza de Pelican Restaurante se ha convertido en el auténtico corazón de la Playa de San Juan cuando cae el sol. Con un diseño contemporáneo y luminoso que dialoga con el mar, este espacio ofrece un ambiente sofisticado y desenfadado a partes iguales. La brisa marina acaricia cada mesa mientras la música en directo y los DJ sets alargan la magia de las noches veraniegas. Desde aquí, los atardeceres se disfrutan sin prisa, acompañados por cócteles de autor y una propuesta gastronómica única.
El alma de Pelican: fusión con identidad propia
Hablar de fusión en cocina suele ser un terreno arriesgado. Sin embargo, Pelican ha encontrado el equilibrio perfecto entre la sofisticación japonesa y la naturalidad mediterránea. Su propuesta no se limita a importar técnicas del otro lado del mundo, sino que las adapta al contexto local. El resultado es un menú que juega con contrastes de texturas, aromas y matices, donde el producto alicantino —mariscos, pescados y hortalizas de temporada— es el verdadero protagonista.
La carta, en constante evolución, se articula alrededor de una serie de platos icónicos que se han convertido en el sello del restaurante. Entre ellos, destacan cinco elaboraciones que resumen la filosofía de Berenguer y que invitan a recorrer un viaje de sabores sin salir de la Costa Blanca.
Black Cod: el bacalao negro con firma propia
El Black Cod es uno de los grandes clásicos de la gastronomía japonesa contemporánea, popularizado en los mejores restaurantes de alta cocina del mundo. En Pelican, se convierte en un plato imprescindible. Elaborado con bacalao negro de Alaska, su textura melosa y su glaseado de miso logran un equilibrio entre dulzor, ahumado y un punto de salinidad marina que lo convierten en una experiencia sensorial.
La presentación es minimalista, casi ceremonial, dejando que el producto brille sin artificios. Este plato, que a primera vista puede parecer sencillo, concentra toda la esencia de la cocina de Berenguer: técnica depurada, respeto al producto y una reinterpretación personal que conecta con el paladar mediterráneo.
Torreznos con yuzu-miso: tradición española con un giro asiático
La cocina de fusión alcanza uno de sus momentos más brillantes en los torreznos con yuzu-miso. Aquí, el chef toma un clásico popular de la tradición castellana y lo somete a una metamorfosis nipona. El resultado es un bocado crujiente por fuera, jugoso por dentro y con un final cítrico y umami gracias a la combinación del miso con el yuzu, cítrico japonés de aroma penetrante.
Este plato funciona como un puente cultural entre dos cocinas aparentemente opuestas, pero que en Pelican encuentran un terreno común. La sorpresa llega con el contraste de sabores: lo familiar del torrezno de toda la vida se transforma en una experiencia inesperada que invita a replantear la idea de lo que significa “tapa”.
Rock Shrimp: un bocado adictivo para abrir el apetito
Dentro de las propuestas más dinámicas de la carta, las Rock Shrimp ocupan un lugar destacado. Se trata de gambas en tempura, ligeras y crujientes, servidas con una salsa de toque picante que despierta el paladar desde el primer bocado.
Este plato conecta con la tradición japonesa de las frituras delicadas, pero con un guiño a los sabores más potentes que caracterizan la cocina contemporánea. Es ideal como entrante para compartir, pero también como una de esas elaboraciones que invitan a repetir. La mezcla de texturas y el equilibrio entre lo crujiente y lo cremoso de la salsa lo convierten en un acierto seguro para quienes buscan una primera impresión del estilo Pelican.
Nigiris: la esencia del sushi elevada a arte
Si hay un apartado de la carta que muestra la precisión técnica del equipo de cocina, ese es el de los nigiris. Desde piezas tradicionales como akami, chutoro o salmón aburi hasta interpretaciones más creativas con caballa marinada, anguila o incluso Black Angus, cada nigiri es tratado como una obra de arte minimalista.
En Pelican, el arroz adquiere la importancia que merece: perfectamente aliñado, con la temperatura justa y la textura adecuada para convertirse en el soporte de un pescado fresco de calidad excepcional. No se trata solo de comer sushi, sino de vivir un ritual donde cada pieza cuenta una historia.
La versatilidad del apartado de nigiris es también un reflejo del concepto del restaurante: respeto por la tradición japonesa, pero con un espacio abierto a la experimentación y la innovación.
Pink Pavlova: un final dulce y sorprendente
Toda experiencia gastronómica merece un cierre a la altura. En el caso de Pelican, el Pink Pavlova cumple esa función con creces. Este postre, inspirado en la receta clásica de merengue y frutos rojos, se presenta con un aire ligero y refrescante, ideal para culminar una velada en pleno verano mediterráneo.
Más allá del sabor, el Pink Pavlova es un espectáculo visual. La cuidada presentación convierte el momento del postre en parte esencial de la experiencia, reforzando la idea de que cada plato en Pelican está pensado para estimular no solo el gusto, sino todos los sentidos.
Pelican se ha consolidado en muy poco tiempo como uno de los restaurantes más atractivos de Alicante. Su propuesta no solo atrae a quienes buscan un lugar elegante donde cenar, sino también a quienes consideran la gastronomía una forma de viajar sin moverse de la mesa.
La posibilidad de elegir entre el ambiente urbano y sofisticado del local en el centro o la experiencia relajada frente al mar en la Playa de San Juan convierte a Pelican en un espacio versátil que se adapta a diferentes planes y momentos.
En un contexto donde la Costa Blanca se reinventa cada verano como destino de referencia, la aparición de propuestas como Pelican confirma que Alicante no solo es sol y playa, sino también un lugar donde la gastronomía de autor encuentra un terreno fértil para crecer.

