¿Qué es una novia ‘bridezilla’? Así funciona la presión machista sobre las mujeres el día de su boda

¿Qué es una novia ‘bridezilla’? Así funciona la presión machista sobre las mujeres el día de su boda

El otro día, mis cuñadas estaban hablando de sus respectivas bodas y cómo ninguna de ellas había sido una bridezilla. Sin saber qué era el término, me explicaron que es la unión entre «bride», novia, y Godzilla. Es decir, una novia que se convierte en un monstruo y hace pasar un mal momento a sus amigas, familiares o trabajadores implicados de forma puntual o durante el proceso de planificación y celebración del evento.

Con mi boda dentro de 13 meses, me quedé con el runrún, por supuesto. No quería convertirme en ese tipo de novia, pero por otro lado, me mosqueaba que no hubiera un término equivalente para el novio. Claro que repasando las bodas a las que he asistido, puedo entender el motivo.

Por lo pronto, desde que somos niñas y jugamos con muñecas, ya entramos en contacto con los vestidos de novia en miniatura. Cuando celebramos la primera comunión, quienes fuimos a un colegio católico, también llevamos algo parecido a un vestido nupcial. Y, a partir de cierta edad, las series, películas, novelas, canciones, pero también nuestro entorno, empiezan a dejar caer de forma más o menos sutil que el día de la boda va a ser «el mejor de nuestra vida».

Además de que esa premisa parece incuestionable, pasa lo que pasa: que te prometes con tu pareja y de repente recae sobre tus hombros la presión no solo de organizar un evento que para ti tiene que ser memorable, único y especial, sino también para tus decenas de invitados. Él se involucrará más o menos, en mi experiencia, la mayoría de novios no tenían preferencia entre una servilleta verde musgo y una amarillo vainilla. Socialmente, una vez más, se presupone que por ser mujeres, nosotras sabemos más de flores, decoraciones y otros detalles. Sí, aunque no tengamos ni idea o nos sea indiferente.

Volviendo a mis amigas casadas, también son ellas las que elaboran Excels interminables con proveedores y las que tienen que recordarle a sus parejas que se encarguen del único cometido que les han encargado. A llevar el peso del evento, así como ser la secretaria de un novio que aún no ha reservado el autobús para llevar a los invitados a la finca, se suma la presión porque sea el día que tienes que lucir más guapa.

Las preparaciones pasan por tratamientos faciales que comienzan meses antes del día, pero también cuidado de uñas, cejas, pestañas, bronceado, maquillaje… Sumando todo esto, se superan los cientos de euros, como para que luego el novio sea de esos graciosos que aparecen en virales vídeos de TikTok, hundiendo la cara de su recién declarada esposa en la tarta de bodas. Sí, la misma esposa que seguramente se haya levantado a las 6 de la mañana para ser maquillada y peinada para ese día.

Y con todo esto, ¿cómo puede ser que se te critique si te frustra o agobia que no se cumplan esas expectativas que socialmente se te han alimentado durante años? ¿Por qué se habla de la bridezilla, pero no de los novios ausentes que su única participación es asistir al que se supone que también debería ser el día más importante de sus vidas? Claro que necesitamos parejas más involucradas, compartiendo las cargas, ya que es una celebración que ambas personas -se supone- quieren llevar a cabo donde son homenajeadas por igual.

Pero también que disminuya la tensión sobre nosotras acerca de dar este paso. «¿Lista para el mejor día de tu vida?», me dijo mi pareja cuando hablábamos de nuestra futura boda. He publicado un libro y mi escritora feminista favorita me invitó a su casa a hablar sobre la lucha para proteger el aborto en Europa, no sé si será el más feliz de mi vida, pero seguro que va a estar en el top 3.

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