
Si Ángel Suárez escribiera sus memorias, estas serían un compendio sobre la personalidad y el alma del campesino gallego. Suárez ha sido durante tres décadas, hasta su reciente jubilación, el enólogo y responsable sobre el terreno de la bodega Lagar de Fornelos, ubicada en la sub zona de O Rosal, dentro de la denominación de origen Rías Baixas. Ha elaborado vinos muy buenos como Lagar de Cervera o Pazo de Seoane, pero su mayor mérito ha sido conseguir, durante todos esos años, reunir en una sola parcela 88 hectáreas de viñedo juntas. La mayor extensión que hay de este tipo en toda la denominación.
Conociendo el minifundio local, Ángel Suárez, gallego él también, ha tenido que hablar y convencer a cientos de pequeños propietarios, buscarles uno por uno. Algunos vivían en Argentina o en Alemania; otros, los dueños, hermanos, no se hablaban; otros con unos pocos metros cuadrados, al ver que estaban en medio de una gran plantación, se negaban a vender para ver si podían sacar más dinero; y así todo tipo de casos. Un infierno con final feliz, porque efectivamente, ahí están las 88 hectáreas dando uvas para hacer buen vino.
Viñedos
Grandes firmas riojanas
Lagar de Fornelos forma parte del grupo de bodegas de Rías Baixas que fundaron, hace ya muchos años, grandes bodegas riojanas. No es la fiebre actual de instalarse en la tierra del albariño, al calor del aumento del consumo de vinos blancos en el mundo; y del merecido prestigio que las elaboraciones de la D.O. Rías Baixas tiene en la actualidad. No. Fue una decisión estratégica de hace mucho tiempo de apostar por los blancos atlánticos. Así, Bodegas Lan es la propietaria de Santiago Ruiz; Murua, del Grupo Masaveu, es la propietaria de Fillaboa; Ramón Bilbao de Mar de Frades; Marqués de Murrieta, aunque ya la tenían de siempre, de Pazo Barrantes.
Lagar de Fornelos pertenece a La Rioja Alta S.A., la bodega centenaria del Barrio de la Estación de Haro que elabora entre otras cosas el Viña Ardanza, Viña Arana, Vila Alberti… La adquirieron en 1998 cuando era una pequeña bodeguita llamada “Fernández Cervera Hermanos”. En su homenaje la marca principal de sus vinos se llama Lagar de Cervera; y lo de lagar es por el centenario lagar de viga de madera con que elaboraban, y que en la actualidad sigue ahí, presidiendo el comedor de la bodega. Allí apareció por esas fechas Ángel Suárez a elaborar y a ampliar viñedo.
La bodega fue remozada en 2013 y es una preciosidad digna de verse, ya qué en la nave de elaboración, donde están los depósitos de acero inoxidable en que fermenta el vino, todos ellos han sido pintados como si fuera un bosque. También está la coqueta destilería de los aguardientes típicos. Cuentan, además, con la máxima tecnología. En las instalaciones de la Rioja Alta, junto a Haro, la bodega montó hace tiempo un sistema para hacer la selección óptica de las uvas. Esto consiste en que a través de cámaras de infrarrojos y otros sistemas, eliminan las uvas en movimiento que no interesan, porque están dañadas o son inmaduras. Les ha parecido tan bien el sistema que en 2021 lo implantaron igualmente en Lagar de Fornelos.
Depósitos pintados como un bosque
Finca Troviscoso
La bodega y viñedo están en O Rosal. Donde además de albariño se suelen utilizar otras uvas como la treixadura, loureiro, caiño; pero a su vez adquirieron otras 18 hectáreas en el valle del Salnés, junto a Cambados. Allí está la finca Troviscoso, plantada cien por cien de albariño, y de donde procede Lindeiros, el alta gama de la casa.
Este vino es un gran representante de la nueva tendencia en esta denominación, que está primando vinos especiales de guarda, caros, este vale 60 euros, pero grandes, poderosos. Ya no los vinos jovencitos, ricos, con su frescura y características varietales; sino vinos que puedan mirar a la cara a los mejores vinos blancos de cualquier gran zona del mundo. El Lindeiros 2022 elaborado por Olga Verde, la joven enóloga que sustituyó a Suarez cuando se jubiló, tiene una crianza de 12 meses sobre sus lías en tres tipos de recipientes: depósitos de inoxidable el 75% del mosto; bocoyes de roble francés de 400 litros un 15%, y huevo de hormigón el 10% restante. Al cabo del año se ensamblan las tres crianzas y se deja reposar el vino al menos un año más.
El resultado es soberbio. En nariz, tras dejarle abrirse un poco, aparece elegante y sutil, con muchos tonos de flores blancas, fruta de hueso madura como paraguaya, todos los registros varietales como los cítricos, pero pasados por un toquecito avainillado de la madera. Muy mineral. La boca genial, poderosa, rotunda, salina, untuosa, envolvente, muy larga con un final ligeramente amargoso.
Un dignísimo representante de esa nueva tendencia que tanta falta estaba haciendo en Rías Baixas.
Botella Lindeiros 2022

