El pueblo con un puente ‘construido por el diablo’ en Cundinamarca

El pueblo con un puente ‘construido por el diablo’ en Cundinamarca

Este municipio está a menos de 30 minutos de la capital del país. Conozca cómo llegar y qué hacer.

Colombia es un país donde las tradiciones orales o las famosas leyendas conviven con el patrimonio arquitectónico, dando lugar a relatos que, aunque no figuran en los libros de historia, forman parte del alma colectiva de sus territorios.  

Entre montañas, ríos y caminos coloniales, surgen leyendas que han perdurado generación tras generación, fusionando lo espiritual con lo cotidiano

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En el departamento de Cundinamarca, existe una estructura que destaca por su diseño colonial, y también por el mito que la envuelve: un puente cuya edificación, según las creencias locales, estuvo a cargo del mismísimo diablo.  

Este tipo de relatos, comunes en diversas regiones de Colombia, dan cuenta de la riqueza cultural del país y del imaginario colectivo que se ha construido en torno a los elementos históricos. 

¿Qué puente de Cundinamarca fue atribuido al diablo? 

El puente en cuestión es conocido como el Puente del Común, ubicado sobre la Autopista Norte, en la vía que une a Bogotá con el municipio de Zipaquirá, Cundinamarca.  

La tradición oral señala que este monumento fue obra de una intervención sobrenatural, protagonizada por el diablo y sus seguidores. 

La leyenda relata que un hombre llamado Florentino, maestro de obra con grandes ambiciones, deseaba levantar el puente más imponente de la zona. Sin embargo, ante la falta de recursos, decidió pactar con el diablo. A cambio de su alma, recibiría ayuda para construir la estructura en una sola noche. 

El acuerdo estipulaba que todo debía estar finalizado antes del canto del gallo. Durante esa madrugada, el infierno entero se movilizó, los diablos formaron una cadena humana para transportar enormes piedras y ensamblarlas con velocidad sobre el río Bogotá. Pero Florentino tenía un as bajo la manga. Había escondido a un sacerdote cerca del lugar, quien, al oír el canto del gallo, bendijo el puente antes de que el diablo pudiera completar la obra. 

Frustrado, Satanás intentó destruir lo construido, pero solo logró dejar una marca de su pata en una de las piedras, la cual, según algunos, aún puede observarse en el lugar como evidencia del pacto interrumpido. 

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