El nuevo pontífice, por primera vez en la historia, es un ciudadano estadounidense. Detrás de esta noticia histórica hay un problema que llama la atención: Papa León XIV, nacido en Chicago, podría tener que pagar impuestos en Estados Unidos.
El país de Trump es uno de los pocos en el mundo que pide a sus ciudadanos pagar impuestos en cualquier lugar del mundo se encuentren, aunque vivan y trabajen al extranjero. En teoría, el Papa también debería hacer su declaración de la renta al Internal Revenue Service (IRS), la agencia de tributación americana, como los otros ciudadanos. Es verdad que existen algunas concesiones que permiten evitar de pagar hasta 130.000 anuales, pero a veces no es suficiente.
A partir de 2015, el Vaticano ha firmado un acuerdo con Estados Unidos que obliga señalar las cuentas bancarias extranjeras de los ciudadanos estadounidenses. Esto significa que Papa León XIV debería comunicar también las cuentas del Banco Vaticano, que él mismo preside. Edward A. David, profesor asociado del Departamento de Teología y Estudios Religiosos del King's College de Londres, afirmó que no está claro si Estados Unidos insistirá en obtener las declaraciones de impuestos del Papa y es posible que el gobierno pueda eximirlo.
La situación es paradójica: un jefe de Estado, un guía espiritual de más de 1.000 millones de católicos que tiene que hacer frente con Hacienda. En Estados Unidos no hay excepciones automáticas para los líderes “extranjeros”. Boris Johnson, por ejemplo, cuando ha cubierto la carga de alcalde de Londres, ha renunciado a la ciudadanía americana para evitar impuestos sobre una casa que había vendido en el Reino Unido. Lo mismo le había pasado a Eduardo Saverin, el empresario cofundador de Facebook (dueño de un 5%), que renunció a su ciudadanía estadounidense en septiembre de 2011, para evitar de pagar un impuesto estimado de 700 millones de dólares en ganancias de capital.
Los ‘estadounidenses’ accidentales: la reacción de Europa
Este caso ha vuelto a abrir el debate sobre el sistema tributario americano. Muchos ciudadanos piden que se cambie y que se pueda pasar a otro modelo basado en la residencia de la persona misma, como pasa en casi todos los países. El diputado Darin LaHood ya ha propuesto una ley que va en este camino.
El sistema afecta a millones de ciudadanos estadounidenses que viven en el extranjero, incluidos los “estadounidenses accidentales”: personas nacidas en Estados Unidos de padres extranjeros, o con doble nacionalidad, que a menudo ignoran que tienen obligaciones fiscales con Washington. Un régimen que Europa observa con creciente preocupación. A finales de abril, Bélgica decidió suspender el intercambio automático de información con Estados Unidos en virtud de la ley FATCA.
Según la Autoridad Belga de Protección de Datos, la transferencia sistemática de datos personales a un tercer país viola los principios de proporcionalidad y adecuación en virtud del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).
Más allá de las normas fiscales, la cuestión es simbólica: ¿el Papa, jefe del Estado Vaticano, puede estar vinculado a las obligaciones tributarias de otro país?
¿Cuánto gana cada mes el Papa?
Según fuentes vaticanas, el Papa no tendría derecho a una compensación. Todas sus necesidades siempre han sido cubiertas: alimentación, vestimenta, viajes, alojamiento. Esta ausencia de retribución económica responde a la propia naturaleza de su cargo y a la estructura financiera de la Santa Sede. Esto contrasta con el resto de la jerarquía eclesiástica y con los empleados laicos que sí tienen sueldos asignados. De esta manera queda difícil entender cuanto debería pagar de impuestos el nuevo Papa.

