Emmanuel Macron volvió anoche a la palestra nacional para abordar los asuntos que angustian a los franceses y que ha obviado durante meses, enfrascado en la resolución de asuntos internacionales. El presidente se mostró abierto a la convocatoria de referendos – salvo para la inmigración -, declaró su acuerdo por endurecer la lucha contra la delincuencia, se mostró contrario a renunciar al aumento de 62 a 64 años para la edad de jubilación y echó balones fuera en asuntos como la deuda y los déficits adquiridos en sus ocho años de mandato.
En un programa especial, en el que tuvo que debatir, uno tras otro, con sparrings especializados y miembros de la sociedad civil, el mandatario respondió a la secretaria general del sindicato de extrema izquierda, CGT, Sophie Binet, que no iba a nacionalizar ninguna empresa en crisis, como es el caso de la siderúrgica Arcelor Mittal en Francia, que va a despedir a cientos de trabajadores, acosada por la competencia de China e India.
Macron rechazó también la posibilidad de abrogar la reforma de las pensiones aprobada, por decreto ley en la Asamblea, que eleva de 62 a 64 años la edad mínima para la jubilación, y se mostró contrario a aplicar una tasa a las herencias de gran cuantía. El presidente prefiere, por el contrario, reducir el impuesto a las pequeñas herencias.
Fue en su “pelea” con la representante sindical donde se mencionó a España por primera vez. Mientras la sindicalista ponía como ejemplo el aumento (“espectacular”, dijo) del salario mínimo en España y la reducción de la jornada laboral, el presidente le respondió que esas medidas eran posibles “gracias a las reformas aplicadas hace 15 años, cuando se congelaron pensiones y los salarios de funcionarios” (Bajo gobierno de Zapatero). Macrón recordó que la edad de jubilación en España es 67 años, una herejía para una mayoría de franceses. Echo abajo la teoría del “cohete”.
Como rival para abordar las cuestiones de la deuda y el gasto público, el presidente tuvo enfrente a Agnès Verdier-Molinié, la directora del IFRAP, un “think-tank” convertido en látigo liberal del mandato macroniano. Tras recordarle las cifras: 3,3 billones de deuda y 5,8% de déficit, el inquilino del Elíseo echó balones fuera y se justificó en las crisis vividas durante su mandato: “chalecos amarillos, Covid, guerra de Ucrania y crisis energética”. No aceptó entrar en la posibilidad de reducir el gasto público, “en caída libre”, según el propio Tribunal de Cuentas. “No se pueden bajar impuestos si no se reducen gastos”, le ha advertido la directora del IFRAP.
Alquilar celdas en cárceles españolas
El presidente francés se mostró algo más sensible de lo habitual en el apartado de la lucha contra la delincuencia y la inseguridad, sin tampoco sorprender con ideas o anuncios novedosos. Interrogado por el alcalde de Béziers y ex director de Reporteros sin Fronteras, Robert Ménard, se dijo a favor de dar más poder a la policía municipal que hoy en Francia no puede pedir la identificación a los ciudadanos, no tiene la posibilidad de inspeccionar el maletero de vernáculos sospechosos ni tiene permiso para la utilización de drones. En algunas ciudades, además, los alcaldes de izquierda se niegan a armar a sus municipales, que son los primeros en enfrentarse a los delincuentes. Macron reconoció, por fin, el alarmante aumento de la delincuencia, la explosión del tráfico de drogas o la superpoblación carcelaria y afirmó su disponibilidad a alquilar plazas en prisiones de países vecinos donde hay celdas libres, como en España, según le sugirió su interlocutor.
Macron no está de acuerdo en frenar la reagrupación de familiares de inmigrados, pero no se cierra a la posibilidad de que la Asamblea pueda decidir cada año un límite para la concesión de visados. En un asunto que los franceses consideran necesaria una consulta, fue rotundo en su rechazo a la celebración de un referéndum.
En otro asunto que la Asamblea debate estos días con posiciones muy encontradas, el presidente francés se pronunció por la eutanasia, aunque sin menciona el término, “con el respeto de todas las convicciones”. Otra medida que considera prioritaria es la de restringir el uso de redes sociales a los menores de 15 años, problema que reconoce como preocupante. Macron se opone también al uso del velo islámico en las competiciones deportivas.
Ni “genocidio”, ni Estado palestino
Por supuesto, Macron se explayó también sobre cuestiones internacionales. En lo relativo a la situación en Gaza, el jefe del Estado francés se negó a calificar de “genocidio” la acción de Israel en la franja controlada por Hamás. Calificó de “inaceptable” el comportamiento de Benyamin Netanyahu y denunció un “drama humanitario”. Asimismo, recordó “el ataque terrorista” del 7 de octubre de 2023 y la exigencia de la liberación de todos los rehenes. Macron no mencionó la posibilidad de reconocer el Estado palestino y volvió a defender la solución de dos estados “en seguridad”. Preguntado sobre la solución posible para la crisis de Gaza, el presidente reconoció que Donald Trump tiene más posibilidades de encontrarlo que la Unión Europea.
Macron volvió a mencionar la posibilidad de “compartir” su arma nuclear con sus aliados, concretamente con aviones europeos cargados con bombas nucleares, en las discusiones sobre la guerra en Ucrania. “No podemos abandonar a Ucrania, que no entrará en la OTAN”; Kiev ha tenido la lucidez de reconocer que no podrán recuperar los territorios perdidos en las posibles negociaciones de paz”, manifestó, enfatizando que un ejército ucraniano sólido será la principal garantía de seguridad para ese país.
El “retour” de Emmanuel Macron a la escena doméstica no va a servir ni para calmar la angustia ni para clarificar las expectativas de sus compatriotas. “Campeón mundial de las explicaciones generales”, como le dijo uno de sus interlocutores, el presidente francés recurría anoche a la UE o la OCDE para justificar su impotencia sobre determinados problemas. Al mismo tiempo, desviaba hacia el gobierno o la Asamblea la responsabilidad sobre otros asuntos. Definitivamente herido tras su absurda disolución, dio la imagen de un presidente que renuncia a implicarse a fondo en el día a día de sus conciudadanos – “no soy un hombre orquesta”- , pero, eso sí, dotado de una cháchara sin límite. Comme d’habitude.

