En un rincón del sureste español, hace ya 25 años, nació de la compasión por los caballos una iniciativa que ha crecido hasta convertirse en un referente nacional en terapias asistidas con animales. La Fundación Centauro Quirón, liderada por su presidente Pedro Francisco Ferrer, es hoy un ejemplo de cómo humanos y animales podemos ayudarnos mutuamente a sanar y avanzar.
La historia comienza en el año 2000 con una inquietud por el bienestar de los caballos. «Nos encontramos con una realidad, estos animales no tenían la mejor calidad de vida posible y además el caballo que dejaba de ser funcional pasaba directamente a la industria cárnica», lamenta Ferrer.
Lo que empezó como un proyecto personal para rescatar equinos desahuciados, fue evolucionando hasta convertirse en una fundación con múltiples programas sociales y terapéuticos. «Cuantas más sesiones hacíamos, más caballos podíamos rescatar», explica Ferrer.
Fue así como descubrieron el potencial de la terapia asistida con caballos, una herramienta cada vez más valorada en el ámbito sociosanitario. Hoy, la fundación cuenta con el primer centro de terapia asistida con equinos integrado en una universidad pública, concretamente en la Universidad de Murcia, «lo cual es un hito muy interesante e importante a nivel social», afirma su presidente.
Un centro de terapias asistidas con animales
A pesar de ser el pilar fundamental de la fundación, los caballos no son los únicos protagonistas, ya que el equipo también desarrolla intervenciones con perros en hospitales, residencias de mayores, centros penitenciarios y colegios.
En este último ámbito destaca el nuevo programa en el colegio público Nuestra Señora del Rosario, en Torrevieja, donde trabajan con niños del aula abierta. «Es un programa precioso de ayuda bidireccional donde metemos perros de protectora y son los residentes en entorno penitenciario los que los reeducan para que puedan ser adoptados».
Además, Centauro Quirón impulsa el programa Diversión Funcional, una iniciativa de ocio y deporte inclusivo que «intenta que todo el mundo, tenga las capacidades que tenga, pueda disfrutar del deporte y del ocio de una manera totalmente inclusiva», según cuenta Ferrer.
Los residentes en entorno penitenciario reeducan a perros de protectora para que puedan ser adoptados
La labor de la fundación abarca también la atención temprana y el acompañamiento terapéutico a niños y jóvenes hasta los 21 años, así como la rehabilitación y adiestramiento de perros de asistencia y de terapia. Todo ello desde una filosofía clara: «Una simbiosis maravillosa de ayuda bidireccional entre humanos que ayudaban animales y animales que ayudaban humanos».
No obstante, sostener esta estructura requiere un esfuerzo financiero considerable. Solo el mantenimiento anual de los 36 caballos supone entre 60.000 y 70.000 euros, «sin contar mano de obra ni gastos veterinarios».
Por ello, la fundación invita y anima a colaborar a través de grupos de microdonaciones (como Teaming) destinados a becas terapéuticas, alimentación, cuidados veterinarios y procesos de reeducación canina. «También es posible hacerse socio por tan solo 10 euros al mes, con un 80 por ciento de desgravación fiscal», recuerda Ferrer.
Para quienes no pueden contribuir económicamente, hay otras formas de apoyo. «Solo el simple hecho de seguirnos por redes sociales ya nos ayuda muchísimo», afirma Ferrer, subrayando la importancia de la visibilidad y la comunidad solidaria que rodea al proyecto.
Centauro Quirón demuestra que una segunda oportunidad puede cambiarlo todo: para un caballo, para un niño con diversidad funcional, para un interno en proceso de reinserción o para un perro que busca familia. Un ejemplo inspirador de cómo el respeto y la empatía entre especies pueden construir un mundo más justo y compasivo.


