El cardenal Omella: «Esperemos que el próximo Papa nos dure un buen tiempo, yo tengo ya 79 años»

El cardenal Omella: «Esperemos que el próximo Papa nos dure un buen tiempo, yo tengo ya 79 años»

Juan José Omella (Teruel, 1946) ha sido todo lo que nunca imaginó que sería. Vicario en Zaragoza, misionero en Zaire −ahora República Democrática del Congo−, arzobispo de Barcelona, presidente de la Conferencia Episcopal Española y, desde 2018, cardenal de la Iglesia Católica y amigo del Papa Francisco. No en vano hace apenas dos años el Santo Padre le pidió que se uniera a su G8 Vaticano, el grupo de cardenales que asesora al Papa en sus decisiones.

Hasta Roma se ha desplazado junto con los otros cinco cardenales españoles que votarán en el cónclave de las siguientes semanas. Demasiado mayor como para salir elegido, pero con un talante de papable que bien conocen sus compañeros en el cardenalato, monseñor Omella desecha las especulaciones con una sonrisa. Pasea por un barrio discreto de Roma junto a don José Cobo, cardenal de Madrid. “Ya verás que Juanjo no calla”, bromea don José. “Ya que me preguntas, te voy a solar una homilía”, me espeta Omella entre risas.

Es su primer cónclave y esperemos que último como cardenal elector…

Eso, eso. Esperemos que el próximo Papa nos dure un buen tiempo. Yo tengo ya 79 años así que me queda poco tiempo como elector.

¿Un paso fugaz por el Vaticano?

Mira, si José Cobo está el último de la fila en esto de los cardenales [por su juventud], yo estoy el penúltimo [ríe]. Fui creado cardenal en 2017, así que sólo llevo ocho años. Eso no es tanto.

¿Qué ha perdido la Iglesia con la muerte del Papa Francisco?

Mira, con la muerte del Papa Francisco la Iglesia continúa. Esto hay que entenderlo. Continúa zarandeada por una parte y por otra, como ha sido siempre, pero también siempre llega a buen puerto.

Son tiempos difíciles…

Llegaremos un poquito mareados, desde luego. Pero hay que confiar en que el Señor guía a la Iglesia.

¿No espera cierta continuidad en el próximo pontificado?

El Papa que venga evidentemente continuará con todo el trabajo que hay pendiente. Francisco ha dejado muchos deberes así que hay que impulsarlos, como se ha hecho siempre en la Iglesia. Aunque luego cada uno deja su propio toque…

¿Cuál ha sido ese “toque” de Francisco?

En su pontificado hay una línea conductora: primero, el Evangelio; y segundo, el aggiornamento de la Iglesia en el Concilio Vaticano II −que es consecuencia del empeño por aplicar el Evangelio en nuestro tiempo−.

¿Ha sido entonces Francisco un hombre del siglo XXI?

Bueno, es que el Papa ha sabido entender cuáles son los tiempos modernos que nos ha tocado vivir. Ha comprendido los desafíos de la Iglesia y del mundo. Desde Pablo VI hasta Francisco, pasando por Benedicto XVI y todos los demás, los pontífices han establecido un camino.

Un camino de…

Pues un camino de evangelización. Los últimos papas han insistido en que todos, todos, todos somos Iglesia. Todos tenemos que trabajar por evangelizar el mundo de hoy, por llenarlo de valores. Tenemos la tarea de lograr que el mundo no se pierda. ¡No es poco! Esto es lo que Francisco ha recordado con su idea de la sinodalidad.

Casi siempre con una sonrisa en la boca…

Es que el hilo conductor del Papa Francisco ha estado caracterizado por la alegría. Todos los mensajes de Francisco nos hablan de la alegría: Evangelii gaudium, Gaudete et Exultate, Amoris Laetitia, etc.

¿Dónde quedan fe, esperanza y caridad entonces?

La vida del cristiano sin amor no es nada. Sin caridad, no hay alegría que valga, claro. Una caridad que debe traducirse en la ayuda a los más pobres, a los más pequeños, a los más necesitados. 

Tenemos que ver el mundo desde los ojos de los pobres, y por eso Francisco empezó con los inmigrantes, que son los más pobres de entre los pobres.

Su último as bajo la manga ha sido este Año Jubilar de la Esperanza…

De hecho, la alegría y el amor completan su tríptico con la esperanza. Estas son las tres herramientas con las que tenemos que trabajar, las armas de nuestra vida para evangelizar todos juntos, como Iglesia.

Veo que recuerda con cariño el “todos, todos, todos” de Francisco…

Fue muy astuto al recordarnos que la Iglesia es de todos, para evitar el clericalismo y la autorreferencialidad. Todavía hay quien piensa que el Evangelio es una cosa de los sacerdotes y de la jerarquía.

La jerarquía está para servir a toda la Iglesia, no para el poder o para mandar. Todos tenemos una responsabilidad y un trabajo que hacer para evangelizar el mundo.

¿Cómo poner en forma esta participación dentro de la Iglesia?

El Concilio Vaticano II abrió procesos de participación y los últimos papas han dado también indicaciones claras a este respecto. Cada uno con su matiz ha impulsado la participación en la vida de la Iglesia.

En el caso de Francisco, promovió el Sínodo de la Sinodalidad, como recuerdo de que todos somos evangelizadores. ¡Menuda esperanza!será casualidad que Francisco haya fallecido en Pascua…

Que haya muerto en Pascua y, además, en el Año Jubilar de la Esperanza, es un detalle precioso. La vida no acaba aquí, somos seres trascendentes. Y esto nos tiene que llenar de una esperanza sobrenatural y espiritual.

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