Cruz de Alba y la biodinámica

Cruz de Alba y la biodinámica

Se llama Sergio Ávila y cuando trajina entre los viñedos en gran medida está hablando con ellos para ver qué es lo que necesitan. Para comunicarse utiliza un “biotensor”, que es como un pendulito que le va dando datos.

A nivel personal parece un zahorí, de los que busca agua con dos palitos, porque siente la “radiestesia”, es decir capta los campos electromagnéticos. Pero bueno, Ávila no es un marciano, sino todo lo contrario, es ingeniero agrónomo, de larga experiencia, el enólogo de la bodega Cruz de Alba, en la Ribera del Duero, desde hace muchos años, incluso saca tiempo para dar clases en la universidad de Valladolid. Y lo más importante, les salen unos vinos extraordinariamente buenos, como por otra parte también ocurre con la mayoría de elaboradores que en España y en el mundo, trabajan la agricultura biodinámica.

Cruz de Alba es la firma en Ribera del Duero del gigante riojano Ramón Bilbao que acaba de celebrar su centenario. La casa madre cuenta, además, con Bodega Mar de Frades en Rías Baixas; Ramón Bilbao Rueda; Lalomba, también en Rioja, y Cruz de Alba. En conjunto son el sector vinos de Zamora Company, con sede en Cartagena, elaboradores y propietarios de Licor 43, con ventas gigantescas en medio mundo y dueños entre otros de la ginebra Martin Miller´s, tequila Volteo, limoncello Villa Masa, pacharán Zoco, y algunas más.

Equilibrio con la naturaleza Cruz de Alba, ubicada en la Ribera Vallisoletana entre Peñafiel y Quintanilla de Onésimo, en el término de Padilla de Duero, cuenta con 40 hectáreas de viñedo que incluye la Finca los Hoyales, un pago de cepas muy viejas que Sergio Ávila tiene como si fuera un jardín. Elaboran fundamentalmente tres vinos, el Cruz de Alba Crianza; el Cruz de Alba Fuentelun, que es un reserva, y el alta gama, que es Finca Los Hoyales. La agricultura Biodinámica, es una ya no tan nueva religión. Su sumo sacerdote se llama Nicolás Joly, y es un bodeguero francés del Loira. El planteamiento es una vuelta de tuerca más a la agricultura ecológica. Si en esta están prohibidos los productos químicos para el tratamiento de las viñas, abonar o fertilizar, y solo permiten productos naturales como en cobre, en la biodinámica se busca el equilibrio con la naturaleza. Se abona con compuestos homeopáticos que incluyen huesos de animales, se hacen otros preparados, en las diferentes labores de la viña se tiene en cuenta las fases de la luna y el movimiento de los astros, cosa que por otra parte ya han hecho toda la vida los viticultores desde siglos atrás. Algunos labran con caballerías, Sergio prefiere no remover la tierra para que se equilibre sola y, en definitiva, se busca que las uvas y por tanto el vino reflejen las características de ese terruño, su personalidad.

Sostiene esa filosofía la conjunción entre suelo, planta, el hombre y el cosmos. Curiosamente entre los más famoso bodegueros españoles con proyección internacional como los Palacios, Peter Sisseck, Gramona, Recaredo, Torremilanos, por nombrar algunos de los más importantes, aunque hay muchos más, practican la biodinámica. Y fuera de nuestro país, hay muchísimos más seguidores. Un buen porcentaje de estos vinos, y todos los de Cruz de Alba disponen de una certificación internacional llamada “Demeter”, que garantiza que realizan con corrección esas prácticas. Un resultado excelente Personalmente no soy creyente ni no creyente de esta religión biodinámica, pero la realidad es que de diez vinos biodinámicos catados, nueve son muy buenos; a diferencia de otros temas ahora de moda como los llamados vinos “naturales”, un error, por cierto, porque todos los vinos son naturales, y que no usan sulfitos, eliminan prácticamente las técnicas de elaboración y hasta meten tinajas en mitad del viñedos, que de diez vinos catados, nueve son imbebibles, y salvamos uno por aquello de ser compasivo. Pero volvamos a los vinos de Cruz de Alba. Cataremos el Crianza, ahora en el mercado el 2021. Elaborado con tempranillo y 15 meses en barrica está cargado de fruta negra, como moras o ciruelas, maduras.

 

Tonos minerales, balsámicos y aparece la madera de calidad. En boca es sedoso, directo, con una buena acidez y equilibrio. (P.V.P. 22 euros). Y ahora el grande, Finca Los Hoyales. Y tan grande, ya que es un vino que al llevarlo a nariz sientes lo que los franceses llaman traducido “golpe de corazón” que sabes que estás delante de un vino fuera de lo normal. Luego tiene de todo: fruta en compota, mucho regaliz, tonos minerales, tinta china, trufa, guindas en aguardiente; y en boca con cuerpo y fuerza y una buena acidez que equilibra con el grado. Una joya, eso sí, por 80 euros. Visto lo visto, ninguna pega, sino todo lo contrario, con la biodinámica.

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