La ministra Montero se enreda con la candidata

La ministra Montero se enreda con la candidata

La poderosa número dos del Gobierno y del PSOE, la dueña de las llaves de la Hacienda pública, la líder de los socialistas andaluces y su candidata para reconquistar la Junta arrastra estas últimas semanas un par de traspiés insólitos en su desenvuelto perfil político. María Jesús Montero ha tenido que retroceder en su envite para que el nuevo SMI tributase frente a su colega Yolanda Díaz y también que rectificar en su crítica a la absolución judicial de Dani Alves ante la masiva reprobación a sus palabras.

La más sanchista entre los sanchistas se ha visto corregida, presumiblemente por el propio presidente, en dos temas tan relevantes para una futura candidata como la fiscalidad y el feminismo y hay quien se pregunta en el PSOE si el resbalón es sólo una anécdota en el camino o podría tener un mayor recorrido.

Montero ha visto crecer su peso político al mismo tiempo que su inicial silueta de eficaz gestora fiscal y sanitaria se transformaba en la del más fiel cargo orgánico posible a la vera de Sánchez. Su «Pedro, quédate» de hace un año a las puertas de Ferraz cuando la crisis de los cinco días de reflexión del presidente la elevó a icono de la militancia y su soltura andaluza en las sesiones de Control parlamentario junto a su capacidad negociadora con los aliados la señalaban no solo como uno de los mejores escudos de Moncloa sino incluso como posible aspirante a una todavía hipotética sucesión.


Convertirse en líder del PSOE andaluz y futura candidata a la Junta, sin embargo, suma enormes riesgos a una exposición pública que, desde hace unos meses, Montero viene incrementado aún más, si cabe. No pocos ministros antes que ella han compatibilizado cartera y cartel electoral pero nunca cargaban con la impopular gestión de los impuestos. Ni Chaves, ni Almunia ni el tantas veces ministro Rajoy ocuparon nunca el ministerio de Hacienda. 

Ella ostenta tan crucial cargo desde el primer gobierno de Sánchez, en 2018, y ese poderío la llevó a apostar hasta el último minuto por la tributación de un Salario Mínimo que el Gobierno ha subido hasta el 60 por ciento en los últimos años sin calibrar el coste político ante el electorado. La llamada a capítulo la forzó una inventarse una desgravación técnica que podía haberse implementado antes de la polémica. De la misma manera que en su censura a la absolución de Alves podría haberse ahorrado la crítica a la presunción de inocencia y sus posteriores disculpas. Enredos como estos son los que pueden truncar una carrera política… o reforzarla si se es capaz de aprender de ellos.

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