De la mano de Ron Howard nos llega Eden, un thriller basado en el intento de crear un paraíso en una de las islas de las Galápagos en los años 30, y que acabó de la peor manera posible. La producción se estrenó el pasado septiembre en el Festival Internacional de Cine de Toronto, aunque por el momento se desconoce cuando llegará a España.
Protagonizada por Jude Law y Ana de Armas, cuenta además con un elenco de lujo, con Vanessa Kirby, Daniel Brühl o Sydney Sweeney. Todo ello para dar forma a lo que nació como un intento de crear un lugar idílico apartado de la civilización y que no tuvo un final feliz. El «paraíso» se rodó en Australia.
La película comienza en el año 1932, cuando llega a la isla un personaje oscuro, la «baronesa» Eloise Wagner (Ana de Armas), que trata de establecer su hacienda particular, lo que la enfrenta a los que ya viven en la isla en relativa paz, como la pareja de Ritter y Dore (Jude Law y Vanessa Kirby) o la familia de Heinz y Margret (Daniel Brühl y Sydney Sweeney).
Los hechos reales
La historia que relata la película comenzó en 1929 y tuvo una duración de cinco años, tiempo en el que ocurrieron numerosos percances y un final trágico. Durante ese tiempo, un reducido grupo de personas, y en tres fases distintas, decidieron irse a vivir a la isla Floreana, la de mayor extensión del archipiélago de las Galápagos (173 km2).
En septiembre de 1929, el médico (o dentista, no se sabe con seguridad) alemán Friedrich Adolf Ritter y su pareja Dore Strauch, se instalaron en la isla. Esta huida de la civilización fue en realidad un experimento social que fue relatando a través de artículos de periódico. La pareja sabía los problemas que podrían tener por vivir aislados, por lo que antes de viajar decidieron extraerse todos los dientes y crearse dentaduras postizas. Vivían sin ropa, por lo que los periódicos los denominaron el «campamento nudista».

Los Ritter deseaban vivir en paz y tranquilidad, aun así tenían algún contacto con barcos que llegaban a la isla, con los que realizaban intercambios y trueques. También escribían cartas a familiares o amigos, algunos de las cuales terminaron en los periódicos, dando a conocer su «paraíso». El mundo comenzó a conocer a los «Adán y Eva» modernos, lo que provocó curiosidad en algunos millonarios, como el filántropo Allan Hancock (interpretado en la película por Richard Roxburgh) y nuevos colonos. Tres años más tarde llegó el matrimonio de Heinz y Margret Wittmer, también alemanes, que llegaron con su hijo de doce años James y otro que estaba en camino y que nació poco tiempo después en la isla, el primer nacimiento de la colonia. Los Ritter no recibieron bien a los nuevos inquilinos y el médico se negó a ayudar en el parto.

Pero todo cambió a finales de 1932, cuando llegó Eloise (cuyo nombre era Eloise Wehrborn de Wagner-Bosquet), una austriaca que se autodenominaba baronesa (título nunca probado) junto con dos amantes de origen alemán y un sirviente ecuatoriano. Dore Strauch la definió como «Satanás vino a Edén» en el libro que escribió tras su regreso a Alemania. A diferencia de los que se encontraban en la isla, la «Reina de Floreana» deseaba llamar la atención y darse publicidad, y de paso atraer inversores para construir un hotel de lujo. A su choza de hojalata la llamó «Hacienda Paraíso».

Felix Kammerery y Toby Wallace
Pronto surgieron problemas entre Ritter y la baronesa o entre los propios amantes de Eloise, celosos entre sí de captar toda la atención de «su reina». En 1934, cuando el trio no llevaba ni dos años en la isla, se desencadenó la tragedia que acabó con gran parte de la exigua población de Floreana. Se conocen pocas certezas y aún hay mucho misterio sobre lo que sucedió realmente.

La propia baronesa había herido de un disparo a un danés que hacía de intérprete del gobernador de Galápagos, que había visitado la isla ante las reiteradas demandas de Ritter sobre las actividades realizadas por Eloise. Pero en marzo, repentinamente, desaparecieron la baronesa y su amante favorito, Robert Phillipson. Las especulaciones indican que pudieron ser asesinados por el tercero en discordia, Rudolph Lorenz. Sin embargo, en una isla cercana aparecieron los cuerpos sin vida de Lorenz, supuesto asesino de ambos, y de un marinero noruego con el que había decidido huir. Sobre quién los mató, se desconoce. Ni cuerpo de la baronesa ni el de su amante aparecieron.
Ritter falleció a finales de 1934, probablemente intoxicado por Dore, donde la convivencia había ido deteriorando la relación. Algunos de los periodistas que visitaron la isla habían relatado el maltrato que sufría por parte del médico. Al parecer, se le pudo «olvidar» tratar una carne de pollo para evitar el botulismo, que fue finalmente la causa de la muerte. Dore abandonó la isla pocas semanas después para volver a Alemania. Solo los Wittmer permanecieron en Floreana, aunque tras el fin de la Segunda Guerra Mundial llegaron más personas. Incluso crearon un pequeño hotel para los turistas. Heinz falleció en 1963 en la isla. Margret regresó a Alemania y falleció en el año 2000 a los 96 años.

